Sunday, October 25, 2009

La Leyenda del Parque - Parte I

Capítulo 1: Flashback

Sé que nuevamente me demoro más de lo habitual (aunque creo que es la demora lo que ya se ha convertido en lo habitual) en escribir un nuevo post, pero espero al menos llenar las expectativas en los bloques de ausencia con mis espontáneas ocurrencias / experiencias. Así que como nueva aventura en búsqueda de lo desconocido que en verdad es conocido, acepté la invitación de mi amigo José Luis, para acompañarlo a realizar un fotorreportaje, el cual aprovecharía yo también para utilizar como investigación socioliteraria (me encanta cuán regio y tronado soy, que me invento palabras), para posteriormente plasmarla en mi fiel blog. Cuando le pregunté dónde haría su reportaje, sus palabras llegaron como tal cachetada noventera que juro escuché la voz de Zack Morris por unos segundos: “Al Parque de las Leyendas.” Wow. Bueno pues, vamos al arca de Noé versión radioactiva a ver cuál queda vivo.
El sol reventó la mañana del sábado que todavía sabía a viernes (literalmente, el vodka aún estaba en mi boca y los beats de Jumi Lee – we heart Jumi- en mi cabeza), haciendo más rápido (pero no por eso más agradable), el despertarme y arreglarme para un día de experiencia zoológica. Escogí el primer atuendo que encontré (mentira, un jean viejo- pero no por eso menos Calvin Klein que el de la noche anterior-, camisa primaveral über GQ 2009, zapatos que completaran el atuendo y lentes gigantes), cogí mi murse con todos los elementos requeridos en esta nueva aventura, entre éstos mi pequeño block y lapicero respectivo. Salimos a eso de la una después de hacer trámites y recogidas particulares, ya que tres amigas más nos acompañarían en nuestra travesía al reino animal. Con excelente música pero terrible tráfico, nos movilizamos de un lado a otro de la ciudad para poder alcanzar nuestro destino. Cuando entramos al estacionamiento, admito haberme sorprendido por la cantidad de carros que vi dentro. ¿Este sitio no había, como que, SÚPER pasado de moda? Me habían dicho que sólo quedaba un tigre con leucemia y que la jirafa tenía tumores, pero por lo visto ver animalitos sigue siendo un bizarro afán de los niños, así estén al borde de la eutanasia; pensó mi sardónica cabeza. Me dio risa la cantidad de puestos de juguetes y huevaditas que han puesto en la entrada antes de la boletería. Muchísimos peluches y monocromáticos animales de plástico se encontraban ordenados en meses y parantes, cosa que encontré muy divertida, ya que entre los animales había no sólo algunos que jamás podríamos ver en el parque (cobras y rinocerontes) sino también algunos que jamás podríamos ver en la Tierra (sin la ayuda de Disney), como dragones. Entramos entonces pagando los nueve soles correspondientes por personas, en ventanillas tétricamente similares a las de los Juzgados Civiles (no pienso volver a recalcar la cantidad de veces que tuve que realizar trámites públicos por ser practicante de derecho), y me detuve un momento en la entrada para leer el estricto cartel plantando frente a nosotros. Se nos prohibía el ingreso con cigarros, encendedores, botellas de vidrio y objetos punzocortantes, entre otros. Señores, por favor, cómo se les ocurre que voy a venir hasta acá a degollar monos, o en el peor de los casos, darles armas blancas. La primera suerte de animal con la que el zoológico nos recibió, lamentablemente, fue con uno falso, de espuma, y morado. “¡Barney!” gritó una pituda niña atrás mío, y corrió a tomarse fotos con el adefesio éste. Decidí pasar esto por alto y hacer una primera y oficial investigación del local. Hace años que no lo pisaba, así que mi cerebro tuvo que pasar por varios de los archivos y backups mentales que yo había hecho a lo largo de mi vida para ver si realmente el Parque de las Leyendas era como yo lo recordaba. Gran parte sí, así que decidí acercarme al mapa para refrescar mis lagunas. Mis amigos me pidieron organizar el itinerario del día, así que propuse empezar por la zona de la Sierra, pero al final decidimos dar inicio al recorrido por la Costa. Avanzamos entonces hacia la zona izquierda del parque, donde vimos una plazuela con paredes cubiertas de enormes fotos de animales como osos pardos, leones, chimpancés, etc., indicando sus lugares de origen, someras descripciones y vulnerabilidad ante la extinción. Las fotos eran bien bonitas, parecían la versión animal de Vogue. Estuvimos unos minutos ahí hasta que dije: “Ya, mucha gigantografía y poco animal. Es hora de movernos.” Así que decidimos entonces aventurarnos hacia un puente colgante tras el cual se divisaba un edificio azul al fondo, rotulado ‘Acuario Lobos de Mar’.
Capítulo 2: La Costa
Ya que ninguno de nosotros cogió un mapa portátil (al comienzo empecé a gritar que cómo era posible que no tengan mapas en el local, pero cuando vi a una familia súper “hacemos-compras-en-Minka” con un mapa bien plantado en las manos del padre, me di cuenta que éramos nosotros los imbéciles que nunca se les ocurrió pedir uno), nuestra aventura sería un poco improvisada, ya que teníamos destinos planeados, mas no rutas. Caminamos por el puente colgante, descubriendo que bajo nosotros se encontraba una reserva de venaditos. OK, era un animal bastante aburrido para ser un zoológico, pero era el primer ser vivo poco usual que veía desde mi llegada al parque (sin contar a Barney). Al comienzo fue divertido caminar por este puente, mirando a la mini pampa con cervatillos saltarines y pequeños que, a quién demonios no le hacen acordar a Bambi, post muerte de la madre. Tuvimos que parar al final del puente porque una parejilla de lo más desubicada decidió tomarse fotos, mientras varios niños saltaban en el puente (mencioné que era colgante, ¿no?) como si éste fuese cama elástica de la Granja Villa. Así que luego de considerar el genocidio infantil, avanzamos hacia el síguete punto en nuestro recorrido costeño, los lobos de mar. Tres piscinas de no gran tamaño se encontraban juntas, con diferentes especies de lobos marinos en ellas. La primera tenía uno que parecía una suerte de foca, saltaba y jugaba con un entrenador y era aplaudido por el mortífero público concurrente. La segunda tenía a uno enorme, el cual trataba de moverse por su pequeña pecera con una actitud de lo más derrotista. El pobre lobo obeso jugaba con una botella de agua Cielo que flotaba en su “hidroprisión” (qué ASCO, la gente ya no tiene el mínimo respeto), y tengo que admitir que esto quebró un poco mi negro y frío corazón. Si recién estoy viendo el estado de los primeros animales, ¿soportaré llegar al final de parque? ¿O este día sólo me dejará claro el funcionamiento de la más vil representación del cautiverio? Decidimos entonces bajar a una suerte de túnel debajo del acuario, en donde puedes ver a los lobos nadar bajo el agua. El oscuro pasadizo sólo se llenaba del reflejo azul de las piscinas, entrando a través de unas ventanitas por donde podías ver a los lobos nadando en sus siete metros cúbicos de agua. Nuestra entrada fue recibida por el tétrico sonido de gritos de niños enfatizados por el eco del espacio cerrado, cosa que me hizo pensar ipso facto en una película de terror de bajo presupuesto (¿por qué es que en una película de terror, los niños pueden llegar a ser mil veces más creepy que cualquier espectro, asesino o demonio?). Estuvimos un rato ahí hasta que el olor del aire viciado nos sacó a patadas, así que decidimos conocer la siguiente parada en nuestra ruta. Tratando de salir nos cruzamos con centenares de niños que gritaban más, se chocaban con nosotros y se empujaban entre sí. Por Dios, ¿de dónde cuerno salía tanto niño? ¿No puede venir alguien de otro país para llevárselos, por favor? ¿Dónde demonios están los Pitt-Jolie cuando se les necesita? Quizá a Shiloh y a sus hermanitos Benetton les guste una adición súper peruvian en su clan.
Avanzando nos dimos cuenta que por más corto que haya sido el tiempo dedicado a estos pinnípedos (sí, investigué la especie), nos habíamos agotado. Así que decidimos parar en un pequeño quiosco para comprar algo de tomar y comer. Fue entonces cuando tuve una de las revelaciones más bizarras del día. Una vez que me encontraba cerca, me puse a observar los productos que el establecimiento ofrecía, y me di con la sorpresa de que no conocía a casi ninguno. Yo suelo jactarme de mi obsesión por los dulces, mi memoria fotográfica y mi habilidad por descifrar cuáles son los mejores productos del mercado, por lo que esta situación me dejó completamente estupefacto. Había muchos productos que vendrían a ser la imitación de otros importados, pero presentados de manera tal, que no pude evitar estallar de risa. Existe un producto gringuísimo llamado Bottle Pop, el cual es un biberón que tiene el chupón hecho de caramelo, de modo que éste es una suerte de chupetín. Bueno, este producto tenía su versión Parque de las Leyendas, llamada “Tetín Pop”. No sólo era una burda imitación, sino que su etiqueta contaba con un teléfono para pedidos (y denuncias, supongo). Adjunto una foto para que vean que no miento ni exagero.
Y como obviamente ahí nunca acaban las historias, el siguiente producto que captó mi atención fue el sensacional “Chicle Baby”, el cual no sólo tenía un envase con una particular y rosada forma de corazón, sino que contaba con la pixeleada foto de la Barbie (sí, la muñeca de plástico, ni siquiera el personaje) y una tipografía que era chocantemente mortífera. ¿De dónde carajos me sacan estos productos? ¿Se venden? El Tetín Pop se veía potencialmente letal, pero I took my chances con los Chicles Baby, y me los compré. Al final sabían a golosina barata y cuando traté de hacer un globo se me pegó a la cara cual UHU Stick, pero nadie puede decir que no lo intenté. Me encanta este lado de la ciudad con sus confites inventados.
Pero cuál sería mi máxima sorpresa, al ver al lado derecho del quiosco una plancha de metal para freír hamburguesas, donde éstas eran lo último que me dejaría perplejo. Un bouquette de salchichas (creo que es la mejor forma de definirlo), se encontraba postrado al lado; y cada uno de estos embutidos (envuelto cada uno en un plastiquillo de dudosa sanidad) se hallaba clavado cual dardo a la mitad de una lechuga, la cual servía de soporte para este elemento culinario/decorativo. Quién diría que los animales serían lo último que llamaría mi atención en mi paseo por el zoo.
Luego nos dirigimos al jardín botánico, el cual es bonito, pero definitivamente la parte más aburrida del local. Pequeños cartelitos en la base de diversos pinos, con textos como “Hola!, Soy la Cupresa Cashmeriana, el árbol nacional de Bután”, me dejaron clarísimo que nada interesante saldría de este sector del parque. Lo único divertido fue que nos escondimos tras los arbustos de Bután para fumar un cigarro entre todos como si fuese la más pecaminosa de las drogas, ya que estaba prohibidísimo el tabaco dentro del recinto animal de San Miguel. Mientras trataba de escribir la palabra “cashmeriana” en mi block, como doscientos bichos se pegaban a mi lapicero, sumándose éstos así a la pequeña colección de animales que había visto yo hasta el momento. Nos quedó claro que durante nuestro tiempo de recorrido no habíamos visto NADA emocionante (aunque Tetín Pop quedará por siempre en mi cerebelo), por lo que el hecho de que estuviésemos en “la Costa” fue más obvio de lo que sospechamos. Pero bueno, ya era hora acabar con las tonterías y ver animales de verdad. Así que decidimos hacerle caso a un cartel que nos indicaba mediante una flecha que señalaba al cielo, cómo llegar a la Zona Internacional. Sí pues, allá queda. Pero creo que la del PDL sólo se encuentra unos metros más adelante.

(continuará) (Sí, tendrán que meterse la próxima semana para conocer el desenlace de esta bizarra historia)

5 comments:

Jose Luis said...

Definitivamente una de las mejores historias de tu blog. NECESITO saber que pasa despues. (Aunque lo viví, quiero leerlo de tus dedos).

Anonymous said...

ya paso una semana!!! parte 2 parte 2!!!!

Anonymous said...

y la segunda parte?

Anonymous said...

Huevon... Que increible post. Antes de pasart a leer la parte dos quiero decir que el "tetin pop" es de las huevadas mas pajas que he escuchado en mi vida. Ruc.

Anonymous said...

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