Thursday, August 06, 2009

DNI Reloaded (RUF.gob.pe)

Ante todo, sé que llevo casi tres meses sin escribir ni un sólo post en mi blog, por lo que me disculpo y avergüenzo un poco, pero qué puedo decirles. Hay veces que uno necesita poner su vida en drive para que su mente pueda empezar a fluir regularmente. Y eso fue básicamente lo que me pasó. Tuve medio año muy tranquilo, graduado yo, sin trabajo de por medio, ya que estaba esperando opciones que realmente me pareciesen interesantes (quizá eso es sobreestimarse un poco en estas épocas de crisis, pero todo es cuestión de encontrar un orden a la cosas), así que puedo decir, ahora sí, que necesitaba feedback del mundo para que mi blog corriese con su continuidad habitual. Así que, en retribución por estos meses de ausencia, les ofrezco un post largo, divertido y aventurero.
Así que bien, conseguí trabajo (el que quería y donde quería, sí), cosa que me alegró muchísimo, pero cabe resaltar que todo esta nueva etapa laboral vendría claramente con toda una suerte de trámites burocráticos que había, tarde o temprano, que enfrentar. Luego de unas semanas de asentamiento corporativo, tuve que sobrellevar la tarea de firmar contratos, cláusulas y poder regularizarme como ciudadano para que pudiesen abrirme una cuenta y, bendito sea el cielo, pagarme. Pero, oh sorpresa, nada es bonito en la vida de RUF: mi D.N.I. había caducado. Vencido. Podrido. Entonces pedí permiso una mañana para realizar todo este trámite en la siempre desorganizada y avinagrada RENIEC.
Por más que lo recuerdo claramente, fue hace siete años ya que un juvenil e iluso yo, se acercaba a la oficina de la RENIEC en Las Flores (la cual ya no existe) a sacar su documento nacional de identidad, parafernalia plastificada que había entrado a reemplazar no muchos años atrás a la cavernícola libreta electoral. Y por más que mis años de estudiante y practicante de derecho los viví prácticamente en la SUNARP, resignado a trabajar tema tras tema que en realidad no me incumbían, los trámites como persona natural tienen un saborcillo particular que siempre los hace distintos a cualquier revisión de documentos históricos en CONASEV (siempre te odiaré por eso, Banco Wiese). Así que me informé de cuáles eran los pasos a seguir para llevar a cabo este infiernillo burocrático, el que jamás imaginé ocuparía mi mañana entera. Un pago de S/. 24.00 en el Banco de la Nación y dos fotos pasaporte actuales. Punto. ¿Era eso todo? Bueno, no debe de ser complicado en lo más mínimo, entonces. Pensé en ir a la agencia en Mariscal Castilla, ya que queda en Surco, pero me recomendaron ir a la de San Borja, por el cruce de Javier Prado con Aviación, ya que tiene al Banco de la Nación al frente para hacer más rápido el trámite. Seguí la idea a cabalidad, junto con otra que también me dieron: tomarme las fotos ahí no más; sólo debía de seguir a unos duendecillos que gritan “¡Foto, foto!”, para ahorrarme traslados a más locales.
Así que di inicio a mi mañana partiendo hacia mi primera parada burocrática: El Banco de la Nación. Preparé mi murse mismo camping con todo lo que pudiese necesitar para sobrevivir: plata necesaria para hacerlo todo y más, botella de agua helada, iPod cargado de música fabulosa, y las últimas GQ y Vogue del mes (cortesía de mi hermano que viaja más que Madonna en sus trámites para adoptar negritos). También aproveché en llevar un pequeño cuadernito en el que me propuse apuntar el recorrido íntegro de mi día, para poder luego plasmarlo todo con lujo de detalles en mi querido blog para ustedes, queridos bloggers (luego entenderán que fue una idea clave). Subo a un taxi indicándole mi primera parada y antes de que pudiese decirle qué estación poner, le sube el volumen a una especie de “merenggeatón” de lo más danzarina, con una letra de lo más cholicursi, que gracias a mi fiel cuadernito, pude documentar: “El amor es como una luz, que se esparce por el alma, y se mueve como el agua, llenando el corazón”. Grammy.
Llego entonces al Banco de la Nación, a una sede a la cual jamás le había prestado atención, ya que era mucho más grande de lo que hubiese imaginado. Crucé las puertas y le pregunté a una chica dónde y cómo debía realizar el pago. La muchacha, muy amable conmigo (sin embargo, CERO amable con su maquillaje), me indicó qué hacer, a la vez que me advirtió de hacer todo rápido para llegar a tiempo a la RENIEC, la cual se llenaría muy pronto de gente. Le agradecí sin más y seguí su consejo; avancé velozmente hacia las colas del banco y realicé mi pago respectivo sin mayores problemas. Salí despidiéndome de mi consejera, el terror del eyeshadow (era una suerte de Cristina Vallarino meets Lorena Carevedo… radioactivas) y crucé la Javier Prado hacia la RENIEC. Ya que no había ningún letrero que identificase la oficina como tal (bravo, Perú), supuse que el edificio gris mugre con una cola hasta la calle era donde debía ir. Me paré en la cola y justo colocaba los audífonos del iPod en mis oídos cuando me di cuenta de algo: No tenía las fotos. Puta su madre. Salí disparado en búsqueda de los duendecillos Foto-foto, a los cuales pude por suerte ubicar fácilmente. “¿Foto? ¿foto?”, me dijeron, tal como la leyenda contaba, y le dije sí a uno de ellos, el más alto con bigote chifero. “Por acá, por acá”, me dijo rápidamente y yo lo seguí sin pensarlo dos veces. Avanzamos varias cuadras bordeando Javier Prado, lo cual me hacía sentir una especie de Alicia en el país de las Maravillas (bueno, maravillas sanborjinas) siguiendo al conejo, hasta que por fin divisé una suerte de galería grande. Mi conejo dice: “es ahí”, tema que les confieso, me hizo respirar, porque sí, admito que por momentos temí el secuestro. Entramos al Centro Comercial “La Ganadora”, un local verde hospital compuesto de varios stands y tiendecillas, una de las cuales se encontraba al mando de Ricky, habilidoso muchacho que me sacó rápidamente las fotos en un cuartito con pintura picada y olor a madera vieja. Me tomó unas veloces fotos (sólo pedí cuatro, pero hizo todo lo posible por tratar de enyucarme seis), y no sé si fue el terrible invierno, la galería en lo recóndito de San Borja, la cara de Ricky o el smog limeño, pero salí con una cara de burrier polaco que no me la va quitar nadie. Pensé en pedir otras, pero no sabía si estaban incluidas en el paquete, y el tiempo me hacía tic toc.
Cuando por fin retorné a la oficina documentaria, la cola había aumentado, pero por suerte no mucho más. Coloqué entonces mi iPod y decidí empezar a observar mis alrededores. El imponente Museo de la Nación me miraba del otro lado de la calle, así que resolví en mi cabeza entretenerme investigando qué eventos organizaba éste para la temporada. Se indicaba la existencia del Ruraq Maki (no, no era sushi novoandino), una exposición/venta de arte popular tradicional, con ingreso libre (bueno, es venta, ¿no? Qué carajos me van a cobrar antes); y luego mostraban que pronto sería la Reunión de Comités Nacionales del Qhapac Ñan. Ok. Concluí que si asistiría a los eventos del Museo de la Nación, sería a los siguientes.
Entonces empezó muy lentamente a avanzar la cola, parando cada pocos metros. Pasó así una buena cantidad de tiempo en la cual me di cuenta que no me estaba aburriendo. Fue entonces cuando tomé consciencia que esto se debía a que había estado escuchando mi superfabulosa lista musical durante todo este tiempo. Apunté instantáneamente en mi cuadernito la mágica lista que me encontraba escuchando en mi espera tramitesca, para poder compartirla a futuro. ¡Todo el mundo debería tener esta lista cada vez que tenga que realizar cualquier trámite documentario! Era la combinación perfecta de ritmo y diversión que me impedía caer en el shock que es la burocracia peruana. Así que comparto con ustedes mi salvavidas musical:
RUF’s Magical Playlist para Trámites Mortíferos
· My Lover –The Sounds
· Life in Technicolor II – Coldplay
· My life would suck without you – Kelly Clarkson
· Dustland Fairytale – The Killers
· Trouble – Britney Spears
· Kelsey – Metro Station
· All I see – Kylie Minogue
· Ottoman – Vampire Weekend
· Paper Planes – M.I.A. (el sonido de las pistolitas es divertido para jugar a matar gente de la cola)
· One of the Boys – Katy Perry
· Use Somebody – Kings of Leon
· Boys Boys Boys – Lady GaGa (Advertencia: puede causar movimientos involuntarios de hombros y cuello por tener un súper beat. Recuerda que sólo tú estás escuchando la música)
Luego decidí empezar a documentar prendas algo feítas, haciendo una suerte de concurso en mi cabeza del personaje peor vestido del local. La primera finalista fue una señora con un chalequito de polar turquesa papel Paracas, cosecha Tottus 2005. Muy cerca, con casi igual puntaje, un señor con una camisa transparentona (bvd abajo, obvio) y una gruesa corbata color rosado potente (el rosado, regio color hasta hace algunos años; se ha visto prostituido, comercializado y ahuachafado, por lo que ahora en vez de rosado, es más un dest-rozado). Pretendía seguir con mi concurso cuando me di cuenta que ya estaba entrando al local y separándome por fin de la cola callejera. Cuando me volteé para ver el proceso de espera, me asusté con la cantidad de gente atrás mío. Me sentí SÚPER madrugador y agradecí a los cielos por la velocidad de Ricky y sus fotos truchas. Una vez dentro, ubiqué una especie de toldito viejo sin usar, recostado contra una pared. Cuando presté atención a lo que decía, leo escrito: “Liga Peruana contra la Hipertensión Arterial – Campaña Nacional 2007”, y algo más abajo: “Controle su presión arterial aquí”. Hmmm. Todo bien con la iniciativa, pero creo que debieron continuar con la idea; o al menos re-aprovechar el toldito con otro cartel para repartir información sobre la porcina. Tenerlo ahí por dos años no le hace bien a nadie.
El siguiente paso fue entrar por fin al edificio, donde una muchachita en un desgastado sastrecito verde olivo me dice robóticamente con voz nasal de consultora de Natura:
“¿Cuál es su trámite?”
“Renovación de DNI; ha caducado”, le respondí amable.
“¿Tiene recibo por 24 soles y dos fotos pasaporte actuales?”, dijo como si marcase un código de barras.
“Sí, tengo todo”, concluí.
“Tome su ticket, lo van a llamar”
T-255. Ok. Esperemos que no sea muy alto. Ingresé entonces a las salas interiores y me encontré con un gran salón lleno de sillas, alineadas de a cuatro y unidas del mismo modo por barras de metal. Todas las sillas se encontraban con alguien encima, el salón entero estaba caliente, vaporoso y con aroma a vaho; el llanto de los niños (DEMASIADOS, si me preguntan a mí. ¿Nadie se ha puesto a considerar que no sólo hacen más tortuoso el trámite, sino que perturban al resto de asistentes? Juguito matutino + Agua de Azahar… just a suggestion) era una cosa insufrible y encima había gente constantemente moviéndose y chocándose contra uno. Me apoyé contra la pared esperando que por lo menos me tocase dentro de pocos minutos. Fue entonces cuando levanté la mirada en búsqueda de una respuesta hasta que mis ojos se cruzaron con el rack mal colocado encima de los módulos, donde su televisor magnetizado hasta la decoloración de la pantalla indicaba el número de ticket siendo atendido en ese momento. Pestañé un par de veces para confirmar lo que veía y con miedo bajé la cara para revisar nuevamente el número de mi ticket. Puta madre.
No sólo estaban ateniendo al T-138 en el módulo 4; sino que habían otros dos códigos más de ticket: el BQ-tanto-tanto y el MP-no-sé-qué. Mi cerebro realizó operaciones matemáticas más rápido que en cualquiera de mis años escolares y entré en shock al darme cuenta que no sólo faltaban 117 personas antes que yo, sino que quizá habrían varias más siendo atendidas en esos momentos por existir más de un código en los tickets. Un rayo de esperanza se iluminó en mi cara cuando me di cuenta que por alguna extraña razón había un sitio libre en la tercera fila. Me acerqué y le pregunté a la señora sentada al lado del espacio vacío: “¿está ocupado?” “No, no”, dijo rápidamente ella. Se me quedó mirándome un rato, así que decidí hacer lo mismo. Era una señora regiona, bien vestida, algo arrugada por los años, pero con colores excelentemente combinados y un peinado casi igual al nunca cambiante casquete de Anna Wintour. “Perdón”, me dijo sonriendo, “es que pensé que eras mi sobrino, eres muy parecido”. Me reí diciéndole que cuando uno viene a hacer trámites públicos siempre espera encontrarse con alguien conocido, tanto que hasta se los imagina. Ella entró en fuertes carcajadas, mientras yo sacaba mi leal cuadernito del bolso para documentar mi encuentro con la señora del peinado Wintour. Ella miraba con atención mientras yo escribía frenéticamente mordiendo la punta de mi lengua, hasta que decidió comentarme: “Disculpa, pero, ¿qué escribes?” Sonreí poniendo mi cara de soy-dulce-pero-súper-interesante, y le respondí: “Lo que me pasa. Me gusta documentar las cosas que voy viviendo y apuntarlas.” Me miró con un gesto incrédulo: “Ay, ¡no te creo! Mi sobrino también es escritor. Ha publicado dos libros… pero no se vendieron mucho. ¿Cómo es, no? Uno escribe lo que quiere, pero depende de los demás para que realmente sea considerado bueno”. “Sí, bueno,” le dije yo, “yo no he publicado nada, pero espero hacerlo. Por el momento escribo lo que me gusta, y creo que si uno realmente disfruta haciéndolo, puede intentarlo hasta realmente hacerlo bien”. Ella me sujetó la mirada un buen rato y me dijo que veía en mi cara una clara alma de escritor. En ese momento la muchacha del módulo 5 gritó un número y la señora se paró cual resorte. “¡Esa soy yo!”, gritó emocionada. Pidió permiso, se despidió de mí y me deseó suerte.
Así que decidí afrontar mi soledad; recoloqué mis audífonos en sus lugares respectivos y puse play a la lista, donde me recibió Michael Bublé con Everything. Empecé a revisar los artículos de mi GQ, mientras que la voz del cantante y el ritmo de la música mitigaban los llantos de los niños del proletariado. En la siguiente hora (sí, una hora más) me puse a observar al público a mi alrededor y me di cuenta que todos estaba con el ceño fruncido y mirando como androides a los módulos al frente suyo. Pero es que hay cosas que yo no logro comprender: Todo bien si es que no tienes un iPod o discman (hasta un walkman sería aceptable), pero, ¿por qué nadie trae un libro, una revista, un fucking periódico? ¿Prefieren esperar horas en bodrio-mode, teniendo como fondo musical la bulla genérica e indefinida del trámite gubernamental? Son momentos como éste en los que me pregunto si es que la gente es súper bruta, o si yo soy súper extraño.
La espera se hacía eterna, las horas pasaban, y para colmo de males, ya que mi vida jamás puede ser color de rosa (por más irónico que eso pueda sonar), se me acabó la batería del iPod durante el ticket número T-212, así que todavía tenía 43 trámites ajenos por esperar antes de poder pensar siquiera en irme. El tiempo pasó paralelo a los llantos hasta que llegó una mujer con su familia que llamó mi atención. Apareció ella con tres hijos y su madre. La abuela tenía una carterita Fendi y un pañuelito simpático en el cuello, y los hijos estaban vestidos todos en tonos pastel. Sentados como personajes de Stepford Wives, sin emitir nada de bulla (a diferencia del Wawasasi Parrandero que llenaba el resto de las oficinas), estuvieron varios minutos mirando al frente y conversando en voz baja. En un momento el hijo mayor (de 8 - 9 años), le dice a su madre: “Mami, estoy aburrido”. Ésta mete la mano en su cartera, saca su Blackberry con funda de jebe rosada, y le dice a su hijo: “Toma. Juega con esto”. Regia, pues.
Finalmente, luego de tres horas, y tres litros de antibacterial (el cual también era parte de mi kit de supervivencia), llegó mi turno. Ya me había visto todos los fall previews íntegros de GQ, y leído en Vogue la entrevista entera a Christy Turlington sobre su documental de maternidad en países del tercer mundo, y lo regia que se siente a los 40. Así que fue preciso el momento de mi llamada. Me dirigí velozmente al módulo, entregué los documentos requeridos, se llevaron mis fotos, tomaron mis huellas digitales, y listo. “Puede regresar en diez días”, fue la concluyente frase de la muchacha que me atendió. Mientras salía sólo podía pensar: ¿Por qué yo puedo ser tan rápido haciendo un trámite, dejando al siguiente civil en menos de siete minutos la oportunidad de realizar su gestión burocrática, y la gente promedio se quedaba horas de horas en cada módulo? A los ciudadanos de éste país les falta ser ‘moscas’ (por más huachafa que sea la frase), proactivos, eficientes. Se complican al seguir cualquier sistema y detienen el resto de la cadena, perjudicando así a los que por suerte, pero lamentablemente, nacimos con sacacorchos en el país de las botellas cerradas, qué les puedo decir.
Finalmente, la respuesta a la interrogante que rebotaba en mi cabeza desde que me fui, se dio caminando por la avenida Aviación en busca de un taxi que me llevara mi oficina, por más que ya era hora de almuerzo (sí; estuve en la RENIEC de 9:00 a.m. a 1:00 p.m., ni me digan). Caminé frente a un chifa que tenía el siguiente cartel pegado con stickers de estrellitas en su vitrina: “Se necesita azafata. Con experiencia” ¿Azafata? ¿En serio? Lo que necesitan es el premio Nóbel por haber inventado el primer chifa volador. “Chifa Airlines agradece su preferencia. ¡Zài jiàn! (Adiós)”. Por si se preguntan, de acuerdo a la RAE, “azafata” sólo se usa para referirse a las empleadas de compañías de avión o transporte comercial de pasajeros. I checked.
La gente del Perú está loca. Creo que por eso es tan divertido vivir aquí: porque no existe nadie lo suficientemente cuerdo como para enseñarnos qué estamos haciendo mal.

5 comments:

Anonymous said...

algo asi esperaba de ti, RUF. excelente como siempre. eres un exito

Anonymous said...

Buenísimo, valio la pena esperar 3 meses. Besos.
Stephania

Anonymous said...

Buenísimo, valio la pena esperar 3 meses. Besos.
Stephania

Anonymous said...

a quien se le ocurre ir a la RENIEC de san borja! jaja es la más mortífera de todas! créeme que tu decisión de ir a la que está en mariscal castilla era mucho mejor! no hay nadie! bueno, al menos sirvió para que escribas un post entretenidísimo! un éxito realmente!

Piero said...

"Son momentos como éste en los que me pregunto si es que la gente es súper bruta, o si yo soy súper extraño."
Sí, la gente es súper bruta... y creo que tú eres bien raro.