Sunday, February 08, 2009

Pecado Capital: Avaricia

"Money, money, money,
must be funny,
In the rich man's world
Money, money, money
Always sunny,
In the rich man's world
Aha-ahaaa
All the things I could do
If I had a little money...

It's a rich man's world"

ABBA - Money, Money, Money

Después de haber dejado a mis queridísimos pecado capitales de lado por mucho tiempo, considero adecuado retomar con el penúltimo de ellos y poder así casi cerrar ese bloque de posts que siempre me ha gustado tanto.
Presento entonces al pecado capital de la avaricia. La avaricia o codicia se define como el deseo incontrolado de posesión de bienes materiales e inmateriales que pertenezcan o no a otros. Es básicamente el hecho de querer tenerlo todo, o cada vez más y más. Pero cuando pensamos en la avaricia como término, tenemos que admitir que hay dos formas de expresarla. Al igual que cuando escribí sobre la envidia y la dividí en dos tipos (¿Por qué tienes? y ¿Por qué eres?), la avaricia funciona entonces del mismo modo. Por un lado estamos hablando del hecho de tener un afán desmesurado por poseer cosas o dinero, y por otro, nos referimos a la mera y simple tacañería, la cual a fin de cuentas, es mucho más divertida que la codicia en sí. En este caso analizamos el hecho de no querer gastar más que lo mínimo y necesario y de ser posible, no prestar, regalar e/o invitar absolutamente NADA.
Por eso vamos a analizar ambos:
1. La Avara Avaricia:
La avara avaricia la vemos por lo general en personas egoístas y un poquito locas. Esa gente que tiene mucha pero mucha plata y el único objetivo en su vida es, bueno… tener más plata. Se compran un carro nuevo porque ya se aburrieron del que tienen y creen que tienen derecho a pedir y exigir lo que les venga en gana. Es como el caso de la chibola platuda que cuando cumple 18 le regalan una Mistubishi Montero y lo único que hace al verla es decir: “Pero yo quería una Tuareg”. O en el mejor de los casos: “¿No había en rojo?” Parece chocante, pero estas cosas pasan; yo he escuchado un par de historias por el estilo.
Claro que hay expresiones más leves dentro del mismo rubro, como comprar ropa que no te vas a poner, comida cara que no piensas comer pero quieres tenerla en tu casa, o ganar en el casino y seguir jugando lo ganado para tener más y más (claro que eso junto con la avaricia bordea la ludopatía, la cual a pesar de no ser un pecado capital podré analizar también algún otro día. Pero, actualmente, no es el momento. Una patología loca a la vez, por favor). Digamos que la avara avaricia es, más que nada, una obsesión: el vicio adictivo de tener cada vez más cosas, teniendo en cuenta que probablemente, nunca estemos satisfechos.
2. La Tacaña Avaricia:
La tacaña avaricia es la más típica y clara expresión de este pecado capital. Quizá no esté incluida dentro de la definición oficial del término, pero es claro que es una actitud que forma parte del mismo. Además es divertido porque de un modo u otro, todos terminamos cayendo en este tipo de avaricia y tenemos formas muy originales y graciosas para expresar nuestro sentimiento de no querer gastar mucha plata.
En primer lugar, podemos analizar el engrosamiento de pequeñas cantidades. Es decir, cuando nos quejamos, gritamos y/o puteamos por una cantidad intrascendente que no hará mayor diferencia al final. Cuando subimos a un taxi y decimos:
“Hola, hasta la cuadra narunaru de la Av. Frunifruni”
“Seis soles”
“¿Seis? ¿SEIS? ¡Ayer me han cobrado cinco! ¡Esto no puede ser, qué robo!”
“Ya, cinco cincuenta, pé.”
“Asu ya, sólo porque estoy apurado”
Lo peor de todo es que nadie puede negar que esto realmente sucede. Igual pasa con el famoso y controversial IGV. Ese condenado y poco sutil 19% extra a cualquier compra que realicemos, ya sea al comprar zapatos mortíferos en Payless (cosa que no hago JAMÁS ni haré NUNCA, pero quería mostrar la amplitud del espectro), la torta fabulosa de trufa de La Crocante, un fucking choclo en Vivanda o un vinifile en Pharmax (no sé por qué, pero TODOS han comprado alguna vez un vinifile en Pharmax), siempre estará ahí, invisible pero palpable, creando problemas. Por ejemplo, te vas a comer a La 73 con dos amigos. Llega la cuenta, y considerando lo que han comido, cada uno ha gastado aproximadamente 60 soles. Revisan la cuenta y los precios y empiezan: “¿Oye, pero esto incluye IGV?” “Mejor hay que pedir la carta para chequear” “Sí, yo ni cagando he gastado tanto” “Máximo deberían ser 150 soles. Máximo” “¿Quién pidió un café? No me acuerdo de ningún café. ¿Por qué lo están cobrando?” “¿Qué carajo es Lim.Fro.Gr. y por qué cuesta 9 soles?” etc, etc, etc. Siempre hay un por qué y una queja de por medio. La repartición de la cuenta es un momento muy divertido, y mi consejo es siempre dejar esta labor en manos de alguien práctico y de rápida velocidad numérica mental. De lo contario se arma un fandango de cuatro pericotas locas chillando porque les indigna que falten 6 soles cuando todos ya han puesto su parte y nadie sabe dónde está esa plata restante.
Luego tenemos la necedad tacaña, en la cual no nos damos cuenta de lo que estamos gastando y nos indignamos cuando vemos el resultado final. Este caso es fácil de apreciar en supermercados o tiendas de departamento como Saga o Ripley. Estamos en la cola de la caja y la señora al frente nuestro está pagando su serie de productos. La cajera levanta su repetitiva mirada y le dice robóticamente:
Son 560 soles.”
“¿Perdón?” – interroga confundida la clienta.
560 soles, señora” – reitera la ya ofuscada cajera (y con cejas mal pintadas con cosméticos Meribelle).
Imposible hijita. Mira lo que he comprado, pues. Cómo van a ser 500 y pico soles. Te has equivocado.” - dice incrédula la mujer.
Señora, la caja no se equivoca” – le voltea el visor para que la mujer chequee el total. “Son 560 soles.”
Ay, no te puedo creer, qué horror. Es que todo está carísimo pues, cómo se me ocurre venir acá.” – en estos momentos, la mujer me mira mientras le entrega la tarjeta de crédito (plateada no más) a la cajera, se voltea y me dice con una sonrisa cómplice: “Una compra cuatro cositas y termina pagando una millonada. Habrase visto.” Yo sólo arqueo una ceja y le dejo clarísimo que no estoy de acuerdo con ella.
Bueno señora, pienso yo, porque si se lo digo probablemente salga disparada como prostituta en redada, si usted decide comprar 60 latas de leche, la reserva entera de pollo y carne molida de Wong, sendos licores y diversos accesorios para el hogar, no espere pagar con sencillo, así de simple.
Y ya que estamos en este tema del supermercado, TENGO que comentar esto. A mí me parece un horror la tacañería de algunas personas cuando después de pagar en la caja y la cajera le dice: “Señor, ¿desea donar cuatro céntimos a la Fundación Ayudemos a los Niños Que Sólo Comen Cerevita?”, el hombre le grita un rotundo: “¡NO!”. Increíble. Es para decir WHAAAT? ¿Acaso esos cuatro céntimos van a ir a un enorme frasco al fondo de su clóset el cual luego de estar lleno será cambiado por nuevos billetes que servirán para comprar muchas joyas y zapatos de cocodrilo? ¡No! Van a estar en el fondo de su billetera hasta que diga días después “¿Por qué coño tengo estas moneduchas que no sirven para nada?” y las boten sin más. Señor, los niños quieren comer otra cosa que no sea Cerevita. Ayude, carajo.
Podríamos seguir mencionando más tipos de tacañas avaricias, como la cultura de lo gratis (si es gratis, coge todo lo que puedas, y más), la chequeada para ver cuánto coges si te invitan algo (no te quitan la mirada hasta que devuelvas el vaso, el cigarro, el chocolate, el sándwich, etc.), el escándalo por la pérdida de monedillas (“¡Se me han caído dos soles! Nadie se mueva y ayúdenme a buscarlos”), no echarle gasolina al carro hasta que el tanque de reserva esté pidiendo auxilio, sólo ir al cine los martes (SÓLO martes; no pueden ni considerar ir otro día), cortar un pedazo chiqutititititito cuando invitas algo, reclamarte pagos de hace semanas que NO deberían ser reclamados (“Oye, te acuerdas que hace como tres semanas te presté siete soles para que te compres un café? ¿Bueno, los tienes?”), etc.
Así que nuevamente podemos apreciar que tenemos OTRO pecado capital que ronda en nuestras vidas de un modo aún más presente de lo que nos damos cuenta. Y sólo nos queda un pecado to go, así que espero pronto poder escribirlo, ya que se trata de uno de mis favoritos. Mientras tanto, queridos... ya saben, cuidado con lo que gastan. Como dicen por ahí: cuiden sus centavos, que los billetes se cuidan solos.

5 comments:

Elle said...

No... yo no he comprado un vinifile en pharmax... pero sí he comprado mi Häagen-Dazs :D, accesorios para el cabello y mucho más.

ABC said...

PS. Es tienda por departamentos , a menos que vendan departamentos en Saga o Ripley.

Yo said...

Solo un pequeño comentario: Estoy en TOTAL desacuerdo con que la plata prestada no se debería de cobrar. Era heredero, ahora soy pobre, y plata es plata, derrepente tu eres el heredero 2.0, pero a mi 7 soles si me hacen falta.

Anonymous said...

Porque Tacaña Avaricia???
Todos los ejemplos que das son mas bien percepciones de actitudes de las personas, tu asumnes que la que gasto $ 560. nuevos soles, le sobrsa el dinero y es avara, puede que sea otro el pecado capital, que la guie a comprar, como la envidia, y quiere tener lo que tienen otros aunque no lo pueda gastar y reaccione ante el monto.
Apesar de que no estoy de acuerdo en algunos puntos contigo me parece muy divertido!!!!!
ah... yo tampoco he comprado vinifile en pharmax....
, o
,eria

ElHumilde said...

“Porque no pido para Haití, porque yo pido para Mí”

Te pido ayuda para poder comer. ¡GRACIAS!