Monday, April 28, 2008

Llame ahora, llame ya

Un tema que me ha consternado siempre es la credibilidad de los infomerciales. Y no sólo su credibilidad, sino también los productos mismos, los presentadores, y más que nada, ese extraño poder hipnótico que poseen y que nos hace pegarnos al canal donde lo transmiten por lo menos unos diez minutos. Lo más gracioso es que por más ridículo, tonto e inútil pueda verse el producto, en el fondo nos morimos por tenerlo (con obvias excepciones, claro; luego hablaré de eso). Nuestras opiniones suelen variar entre "Oh, qué simpático eso", "Qué divertido usarlo" (así sea una suerte de aspiradora radioactiva para limpiar termas, se ve divertidísimo usarla), "Qué práctico tenerlo" y finalmente "Creo que me lo quiero comprar" (lo cual no quiere decir que lo hagamos).
Los infomerciales se empezaron a multiplicar como amebas en la década de los ochenta, por lo menos en Estados Unidos, para luego llegar a Latinoamérica junto con la nefasta llegada de los estéticamente terribles años noventa. En esas épocas, recuerdo yo, cuando el cable era un lujo, las computadoras caseras una leyenda urbana, e internet una broma de mal gusto, empezaron a proliferar los primeros infomerciales en la televisión peruana. Entre vagos recuerdos aparece en mi mente el popular quitamanchas DiDi Seven, que limpiaba desde manchas de aceite hasta de ácido bórico, y podía ser colocado en cualquier superficie. Alguien me contó que lo sacaron del mercado porque era tóxico y te desteñía la mitad de tu sala, pero nunca corroboré eso. Cómo olvidar también a los super cuchillos Ginsu 2000, que cortaban hasta fierro como si fuese paté.
Ahora bien, hay varios temas que quiero discutir en referencia a los infomerciales. Primero: ¿por qué la gente del público, en caso que lo hubiese, parece retardada mental? Un aparatejo pela un pepino y todos ya están "oooooohh; ahhhhhhhh". Si van a actuar en televisión, algo de naturalidad no cae mal. Pregúntenle a toda la planilla antigua de Laura Bozzo para que entiendan. Lo más gracioso es cuando se miran entre ellos y asienten, como diciéndose "¿Fabuloso, no?" Mortal. El segundo tema a tratar es sobre los presentadores. Para empezar, me parece que tienen una TERRIBLE asesoría de vestuario. En los noventas, usaban lo que parecían todas las prendas que habían sobrado de las sesiones de casting en Oklahoma en el '88; y para finales de los noventas y dosmiles, desempolvaron tardíamente el guardarropa noventero y todas las presentadoras que querían aprender como picar cebolla fácilmente con el Slice & Dice o como se llame, lucían sus modernísimos pantalones a la cintura y blusas turquesa de manga ancha. Pero hay toda una serie de rubros de presentadores, hombres y mujeres. Veamos algunos:
El Handyman
El hombre hábil, arregla y limpia todo. Sus nombres son por lo general algo como Alex McHurley, Johnson Moore o Pat Matthews. SIEMPRE tiene un cinturón de herramientas con diversos compartimentos si su producto es ferretero o de jardín, y guantes y lentes si su producto es de limpieza. Su frase favorita: "¿Impresionante, no?"
El Chico Fit
Malla y polo licrado sin mangas son su uniforme imperativo. Sus nombres: Ben Simmons, Desmond Ryan, Michael Sanders o Brian Gordon. Un poco adicto al bronceado artificial. Suele tocarle las piernas a las mujeres con las que ejemplifica el uso de su FlexiSlimmer, AbPower, o como se llame la mierda que vende, alegando que tal músculo se "tensa". Yeah, right. Su frase favorita: "Haciendo el mínimo esfuerzo".
La Experta
La más feíta del grupo. Es media gordis pero divertida. Limpia todo tipo de manchas, hasta en el techo. Deja los baños relucientes con sus Magic Mops, Steam Busters, y ese tipo de productos. Le encantan las blusas de jean con manga remangada y le vendría MUY bien laciarse permanente. Suele llamarse Alice McQuinn, Patty Davis o Leslie Rice. Su frase favorita: "Oh, lo sé. ¿Y qué hay de esas manchas de grasa?"
La Deportiva
Bordea los cuarenta pero está regia. Siempre tiene el pelo cortado hasta arriba de los hombros y su pose favorita es la de pararse con las manos en las caderas y sonrisa de oreja a oreja. Ella se llama Nina Rider, Joanne Summers, Linda Van Halen o Allison Garber. Su frase predilecta: "Sin pensar en costosos gimnasios o ejercicios irritantes"
La Novata
Es la presentadora oficial del comercial pero no domina el producto; el profesional le enseña. Suele estar acompañada por la Experta o el Handyman para que realicen esta labor (los dos presentadores deportistas siempre se acompañan mutuamente), y le muestren cómo ser hábil y práctica. Le gustan mucho las chompas delgadas de hilo rosado o celeste con cuello V y un pantalón negro para acompañar su montonía. Ella es Carol Ann, Jenny Lee o Cynthia Barber (las primeras no tienen apellido). Su frase favorita: "¡No puedo creerlo! ¿así de sencillo?"
Claro que tenemos más presentadores y gente que considerar, como la pareja que nos enseña a hacer dips y salsa pesto en una mágica licuadora (Adam y Lisa), las personas que cuentan su testimonio de cómo el nuevo Waffle Flapper ha "revolucionado sus reuniones sociales y desayunos en familia" (I mean, REALLY?), y uno de mis favoritos, la gente que prueba el producto en un centro comercial y quedan fascinados con el resultado. No olvidemos de mencionar al legendario Jack LaLanne, que a sus 236 años revela que su secreto de la vida es tomar jugo de coronta de choclo o algo así. Ahora incluso sale su esposa en el infomercial moliendo almendras con pera, maíz y brócoli para, según ella, hacer una "bebida refrescante y nutritiva" (prefiero tomar Sapolio Lavavajilla).
Y para finalizar, ya que podría seguir hablando por horas del tema, pero no quiero aburrir a nadie, tengo que mencionar a los informerciales latinos. Exceptuando a Reduce Fat-Fast con Jorge Hané, sus Dios-sabe-cuántos estudios clínicos, y la Ex-Miss Universo Alicia Machado (¡Escándalo! ¡Escándalo! ¡Sobrepeso! ¡Escándalo!), todos los infomerciales latinoamericanos parecen de ser de cremas para eliminar manchas, celulitis, cicatrices o várices (que putrefacto cutis de los latinos, oye). Babas de Caracol, Conchas de Nácar, Silouette 40 y todas esas cosas que nadie sabe si en verdad funcionan. Y todo finalmente derivando en el peruanísimo, fatídico y antiestético Elevate Shoe. Revisen por favor la página web y vean cómo señalan con flechas rojas en qué ventana de un edificio mortífero en Miraflores queda su tienda. Vomito un poco en mi boca. Y no quiero decir NADA sobre el infomercial per se y sobre la calidad de performance que tienen sus "actores", filmación y edición.
Yo nunca he podido usar muchos de estos aparatos ni ver cómo funcionan en realidad; sólo he podido utilizar al práctico Magic Bullet para hacer dips, pastas y tragos (y sí, es medio divertido usarlo). Últimamente ando medio obsesionado con la plancha a vapor Tobi y Lifty's, el 'brasier invisible', éste último viniendo en cómodas presentaciones y acompañado de los pétalos cubrepezón. Por todos los santos. Lo único que podemos seguir haciendo es esperar a que los infomerciales nos muestren otro producto que no necesitemos pero por algún bizarro motivo creamos que puede cambiar nuestras vidas. Mientras el producto no sea ridículamente caro, cómprense su cojudez. Pero no se asombren cuando se den cuenta de que, en verdad, casi no sirve. Pero no se frustre. Adelante. Nuestras operadoras lo están esperando.