Sunday, August 17, 2008

Espionaje Urbano Vol. 1

Empiezo recalcando mis disculpas nuevamente por haberme desaparecido estos últimos meses, pero debo informar que por motivos tanto laborales, emocionales, físicos y supongo que alguna que otra tara literaria, me vi obligado a detener mi función de seudo escritor.

Así que retomo mis escritos con una nueva suerte de “columna” que pienso colocar de vez en cuando: Espionaje Urbano. La vida me negó la capacidad de comprender programas deportivos, saber tirar un puñete, disfrutar los rompecabezas y encajar con el color amarillo; pero me brindó otras gracias, como poder memorizarme parlamentos enteros, ser fabulosamente sarcástico, actuar profesionalmente sin necesidad de entrenamiento, brillar al ponerme algo naranja y ser espeluznantemente perceptivo. Por ende, con el tiempo he logrado pulir la habilidad de captar la mayoría de cosas que suceden a mi alrededor en las distintas situaciones de mi vida. Así que es precisamente haciendo uso de esta capacidad superhumana que plasmo esta nueva serie de posts basados en conversaciones, situaciones y momentos que ocurran en el mundo y que cuenten conmigo como testigo ocular de los mismos.

Para iniciar entonces, cuento la historia que viví recientemente:

Me fui a almorzar un día de semana a La Baguette de San Isidro con unas amigas; nos había provocado comer tortilla española y alguna que otra gracia. Nos sentamos en las mesitas del segundo piso pero no en la terraza, cosa que arruinó tremendamente mi idea de cigarros post comida, pero no podía exigirles a mis amigas que avalen mi condición de fumador compulsivo. Entonces empezó todo como normalmente lo haría. Nos sentamos, leímos los menús, nos recomendamos cosas, criticamos otras (la empanada de ají de gallina me vino RE fría la vez pasada, no la pidan), estaba la que se demoraba horas escogiendo lo que quería, la que preguntaba si el pastel de choclo engordaba mucho, la que decía que no le importaba nada y quería una Coca-Cola normal, y la gordita que desde ya se había pedido un plato de fetuccini en salsa de champiñones (espero que no se moleste si lee eso). Yo, por supuesto, ya tenía mi orden más que clara, una tortilla española a medias con una de mis colegas, ensalada de atún, Coca-Cola Light y algún postrecillo que me provocase después.

Mientras esperábamos nuestros pedidos, llegaron y se sentaron en la mesa de costado un grupo de cuatro mujeres (vacilo el colocar “amigas”) en sus treinta y muchos o cuarenta y pocos. Regias, sí; eso no se los quito. Pero eran este típico y clásico grupo de mujeres limeñas que no hacen nada desde que se despiertan hasta que se duermen, pero sin embargo al final del día alegan estar cansadísimas y contratan un masajista. Se sentó este mini ejército con sus armas bien claras: Dos sacos Burberry, uno más largo y por ende, mucho más caro que el otro, una cartera Louis Vuitton clásica (real) y otra a mi parecer (ilustre éste), fake; las otras carteras eran de marca indefinida. Tres con taco púa, una en bota chata; perfumes de los que sólo pude identificar 212 de Carolina Herrera y Armani Code.
No esperé nada especial de ellas, más que ser personajes risibles que sirvan para que podamos hacer sobremesa, pero sin embargo me equivoqué. Estas mujeres serían más divertidas e informativas de lo que imaginé. Las cuatro señoras se sentaron y empezaron a conversar en voz semi baja, por lo que no pude captar muy bien sus comentarios iniciales, pero fue exactamente luego de la llegada del mozo que empezó la gracia. Pidieron intrascendencias, como ensaladas y sándwiches caprese, aguas y pastelitos. Al retirarse el mozo, otra mujer, en una mesa de al lado, dio comienzo a la guerrilla con el siguiente comentario: “¡Mariela!”
Mariela giró su pelo rubio y lacio hasta la mitad de la espalda (era algo mayor para ese peinado, déjeme decirle, señora Mariela), levantó con desdén una mano con manicure francesa y con la boca semi abierta y un clarísimo gesto de “Ah, ¿Tú?”, le respondió:
“¡Ana María! ¡No te creo! ¿Qué tal oye, dónde has estado, que has estado desaparecida?”
En este momento ambas se pararon e hicieron el clásico saludo tradicional tribal de la mujer pitucona limeña: besaron el aire que rodeaba los lados de sus caras, sujetando los lentes de sol en la parte superior de sus cráneos para que el ligero movimiento de cuello no los tire al piso (Gucci los de Mariela, DKNY los de Ana María).
“Ay sí, pues, cómo te explico. Me fui con los chicos y Pedro a Aruba. Reeeeeegio, la pasamos lindo. Es más, me encontré con la Toti y sus hijas, pero sola, sin el marido. Está regia, déjame decirte, el divorcio le ha caído mejor que el matrimonio. Años que no la veía tan flaca. ¿Y tú, qué me cuentas? ¡Te veo super super super rubia! (nota de RUF: Ojo con el tres-veces-super) ¿A qué se debe este cambio?”
(PUUUUUUM! Round 1 – Ana María)
“Jajajaja, sí pueeees. Qué regio tu viaje, no te creo lo de la Toti. Con el pelo, te cuento, pues, me fui a Los Ángeles con Nora y Ceci, y fuimos a una peluquería diviiiina, olvídate. Pero no tenían el color que me hago acá, pero no importa pues, me recomendaron este, regio, y me quedó lindo. Además, nos hemos divertido como chanchas en el viaje, te imaginarás.
(BAAAAAAAAAM! Round 2 – Mariela)
“Uy, claaaaro. Es que está super rubio. Nunca te había visto tan rubia. Pero dejátelo así, ¿ah?, que estás regia. Me he traído unas cosas lindas de Aruba, no sabes lo bonitas, las tengo que poner en la casa de la playa para este verano de todas maneras. ¿Tú y Alberto van a alquilar casa este año también?”
(SMAAAAAAACK! Round 3 – Ana María)
(Sonrisa y silencio incómodo) “Ay no sé, se ha puesto horrible la playa últimamente, ya mucha gente, uno no puede ni ir a Wong sin que se le tire medio Mala encima. Fatal.”
“Sí pues. Bueno, yo ya me voy yendo. Ay, lindo verte, reina. A ver cuándo nos juntamos para un lonchecito o algo así. ¿Vas al shower de la hija de Lily?”
“No sé, estoy full ese fin de semana. Tengo que ver si tengo tiempo.”
“Sí pues. Un beso Marielita, ¡chau chicas!”
Ana María ganó la batalla, lo siento, Mariela. Obviamente a los 12 pasos de Ana María fuera de la trinchera, empezó el cuchicheo de las “amigas”. No pude captar mucho, pero detecté las siguientes palabras y frases: ‘amante’, ‘lo trae loco’, ‘negocio del marido’, ‘al otro celular’, ‘lo rompió a propósito’, ‘en drogas’ y ‘te mueres con lo que es’.
¿Puede alguien explicar un hecho semejante? Este país es un circo andante. Es como si en cualquier momento y en cualquier lugar alguien pudiese gritar “¡Acción!”, y créanme que se podría filmar sin problemas cualquier tipo de película o serie novedosa. Ahora me pueden entender claramente por qué es que me provocó escribir sobre esto y por qué se me vino a la cabeza la idea de realizar esta nueva serie de artículos sobre espionaje urbano. Claro que la idea no es sólo retratar a estos caricaturizables sujetos en el pico de la pirámide social, sino a todo el espectro de personajes que hacen de nuestra Lima una ciudad TAN pero TAN divertida.
Mis amigas rieron con la situación sucedida, yo sólo bebí un sorbo de mi dietética cola, lo saboreé bien, y les dije a todas: "Y es ahora cuando puedo escribir de nuevo."

4 comments:

Anonymous said...

Fabuloso!!!!...te extrañe!!!!
Pitu

Anonymous said...

Truman Capote ... that´s all I´m saying,

Anonymous said...

Ja ja ja ja. Había dejado de visitar el Blog... buen recibimiento.
Esa Toti seria Toti Graham?

Anonymous said...

Ja ja ja ja. Había dejado de visitar el Blog... buen recibimiento.
Esa Toti seria Toti Graham?