Monday, February 04, 2008

Summer Nights

"Summer fling don't mean a thing,
But uh-oh those summer nights...
Tell me more, tell me more, But you don't gotta brag
Tell me more, tell me more, Cause he sounds like a drag
[...]
Summer heat, boy and girl meet,
But uh-oh those summer nights...
Tell me more, tell me more, How much dough did he spend?
Tell me more, tell me more, Could she get me a friend?"
Grease - Summer Nights

El verano, fuera de ser claramente representado por arena y sol (el mar azul, contigo yo, conmigo tú), niños en la orilla, piqueítos, Bloody Marys, bronceadores, almuerzos a las seis de la tarde, helados, empleadas que no se pueden meter al mar antes de las 7:43 p.m., siestas, bikinis, tablas y un infernal calor, es, sin duda alguna, la meca de la juerga. Y este año, particularmente, todo se ha convertido en una locura. El boulevard de Asia (a.k.a "Atrás"), el cual inicialmente no contaba con más que un chifa, un huarique para chupar chela, los Tres Chanchos y más tierra que playa de estacionamiento de Chosica, hoy en día es un monstruo brutalmente grande, un Sodoma y Gomorra chic, que en los últimos años ha crecido como bebé con una intravenosa de Pediasure. Y la locura cada año crece más.
Yo, particularmente, soy muy amigo de la parranda, la perdición y el licor; pero me aburro muy fácilmente con la monotonía y la repetición. Ergo, vivir la misma juerga, con la misma gente, en el mismo sitio, con la misma música, fin de semana tras fin de semana... no está en mi lista de actividades favoritas. Pero claro, unos dos fines al mes, cae regio, ¿no? Y bueno, lo que he vivido hasta ahora del verano, puedo resumirlo como noches (y días, considerando a la hora que acaban estas juerguillas) de locura (sí, es la tercera vez que lo defino así, pero no hay otra palabra para hacerlo). La descripción de una noche será suficiente para hacerme entender correctamente:
10:13 p.m.
Me despierto de la siesta post almuerzo (la cual empezó a las siete y media) con la boca pastosa, los pelos de loco y oliendo a coco (Hawaiian Tropic Tanning Coconut Oil FPS 15... obvio). La gente se levanta poco a poco, algunos comen algo, otros se fuman un pucho, etc., y una vez que logran organizar sus vidas nuevamente, llega la hora de arreglarse y prepararse.
11:10 p.m.
Empieza la locura. La gente corre por la casa, se escuchan gritos de mujer "¿Tienes rímel?" "¿Dónde están mis zapatos?" "Huevona, ¿cómo me voy a poner esto? Se me ve gordísima!" Tratando de evitar ser parte del aglomeramiento de personas en los baños, escojo la combinación perfecta de prendas para la noche (no lo niego, me demoro bastante y exijo repetidas veces aprobación de la audiencia), arreglo mis pelos de loco con todos los productos que sean necesarios para este proceso, me auspicio con Boss o Lacoste para la noche (super veraniegos mis aromas, RAGIO), elijo algún ligero accesorio que pueda adecuarse a mi look, y listo: ready to rumble.
12:39 a.m.
La gente, decididísima, empieza a hacer previos donde ésto se haya determinado. Salen chelas, botellas de whisky, y alguno que otro pedido particular (hace dos semanas tuvimos Margarita Night!... fue algo intensa, claro... no recuerdo mucho). Una vez que se empilan y ha pasado ya un buen rato, al gente sale determinada a morir... una vez más.
1:49 a.m.
OK, como acordamos, dirijámonos a Skybar a continuar el siguiente capítulo de la parranda. Tres mil cuatrocientas veintinueve escaleras (se escuchan un par de gritos de dolor de las avezadas en taco púa 12 - RAGIAS, por supuesto -), pero se suben. ¿Una botella de whisky? Sí, claro, pónganla por acá. Un vaso. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Uy, pararé un rato. Investiguemos the surroundings: Las chicas de Brahma disfrazan de alcachofa a un iluso con zapatillas de deporte (WTF, dude?) y le hacen bailar una suerte de limbo. Un flaco emo pide una lata de chela mientras a una gordita rubia le hacen tomar una sonda de Jägermeister (cosa que la mandó a la mierda, porque de ahí la vi privada en una mesa de Pasquale) mientras suenan excelentes mezclas de música electrónica.
3:41 a.m.
Luego de varios vasos y diversos beats, la gente decide movilizarse. Es hora de ir a Joia; lugar que se encuentra como una lata de cerveza después de haber sido batida como pom-pom (sí, así se escribe, acabo de hacer un pequeño research al respecto) de porrista: a punto de explotar. Pero no importa. Ebrios como uvas, felices como universitaria gringa pepeada, nos asentamos en algún lugar cómodo y recurrente, y nos meneamos al ritmo de la... "pachanga" (MOR-TAL, lo sé). Chelas van, chelas vienen. "Y es que no puedo olvidarme... tu ru ru ru rú, ni un sólo instante de tí" Música noventera y reggaetón revientan en cada parlante, la gente brinca y salta con botellas de champagne, se tiran hielos, mueven las caderas, un par se tocan, según ellos caleta; en fin, todos se divierten. Esta imagen ya es un poco borrosa para mí. Mi lente de contacto está carbonizando mi córnea, mi boca y sistema digestivo entero son una franquicia de Johnnie Walker, el mundo ha decidido dar vueltas y tengo ganas horribles de ir al baño a eliminar los 14 litros de alcohol que alberga mi cuerpo. Pero no importa. Ir al baño es más aventura que película de Indiana Jones, por lo que demora algo el tema. Pasa algo más de tiempo, y el cielo empieza a cambiar de color. El sol se empeña en salir más rápido que de costumbre, pero la gente sigue loca. Bailando, saltando, tomando, gritando. Yo con ellos, claro.
7:46 a.m.
Salimos del local a aventurarnos por los recovecos del boulevard, donde la música de los locales se mezcla en el aire y sigue sonando, pero en menores decibeles. El sol está fuertísimo, ahorita me tiro frente al Bembos a broncearme en el pavimento. Me veo y soy un caos: Mi pelo nuevamente es de loco, ya no me auspician los aromas de Hugo, sino de Marlboro, he perdido mi ligero y adecuado accesorio y tengo más ojeras que talibán. Diviso el logo de Domino's Pizza entre zombies post-juerga que caminan por las pistas y entro al local a ver qué demonios puede saciar mi hambre matutina. "Unos Cheesy Bread, por favor" Saben a gloria. Los ángeles cantan aleluya mientras el queso entra en mi sistema y las 4900 calorías que estoy ingiriendo bailan (muy, MUY cachosamente) en mi barriga. Algunos eléctricos gritan diciendo que ahora quieren seguirla en Café del Mar, porque todos se han ido para allá. No lo creo, estimados. Once the cheese gets in, the ass stays PUT.
8:26 a.m.
Me subo en el carro respectivo en el cual alguien hizo el genial favor de traerme, y colapso en el asiento trasero. Mi cerebro apreta POWER y me apagan hasta llegar a la casa. Entre tumbos entro a mi cuarto, de algún modo me lavo los dientes y la cara, me pongo pijama, y cierro mi noche (bueno, día) con un "Continuará".
Creo que podemos estar de acuerdo que "locura" es un término adecuado.
"I wanna Rock & Roll all night... and party EVERY day." - KISS

3 comments:

Francisco - franciscojmiranda@gmail.com said...

me quedé con la curiosidad de saber cual era el ligero accesorio.

Anonymous said...

rafis como hariamos, muero de ganas de que vayamos a juerguear al sur...
pigeonette

Anonymous said...

íiiiiiiiiiiiiiiintimo de gorda chola!