Saturday, September 30, 2006

Monólogos del Taxi

Este es un problema. Algo radical. Si en el Perú existiera un metro (como le dicen en Madrid) / subte (como dicen en Buenos Aires) / subway (en mi tan amado New York), o un sistema decente y simpático de buses y/o transporte público, yo, lo digo con toda sinceridad, me vería más que contento y tranquilo de utilizarlos. No tendría reparo y sería feliz de poder movilizarme a precios que no destruyan mi economía. Pero, en la realidad peruana, sólo contamos con un prehistórico y pestífero sistema de micros, combis, buses, custers (sólo sé que combi es la chiquita, la asesina; todo lo demás... puede ser un burro con un colchón y nunca veré la diferencia) ya que hay un gran factor de peligro, de cantidad de gente chelfa que viaja en estos medios (a millares - donde entran normal y humanamente 30, se meten 100- malditos chelfos), y una sobrecarga de estos vehículos regada en toda nuestra ciudad.
He ahí la crisis. Por ende, me veo forzado a usar taxis regularmente. Con lo descrito anteriormente, quiero hacer un COMUNICADO REGIONAL (ya que me refiero sólo a Lima, en provincias nunca he tenido problemas con taxis - moto o regular) a todos los taxistas que recorren la ciudad y que he tomado y tendré que tomar hasta que venza mi temor al Touring y saque mi brevete. Este COMUNICADO REGIONAL, incluye lo siguiente:
COMUNICADO REGIONAL A LOS TAXISTAS DE LIMA METROPOLITANA Y BALNEARIOS
"Señores taxistas de Lima Metropolitana y balnearios:
Les agradecería por favor, avisen con tiempo si tienen cambio para billetes de S/. 10 o S/. 20; y les digo de antemano que si no tienen y no me avisan, ustedes son los que se va a bajar en la bodega, quiosco o grifo para cambiar la plata (si quiero comprar cigarros en el grifo, se salvaron, porque bajo yo). Luego, por favor, si les pido que cambien la estación de radio, háganlo. Y no por un asunto de "el cliente siempre tiene la razón", pues sé que una afirmación semejante es too much para exigírsela, sino porque yo sufro (literalmente, mis neuronas empiezan a hacer sinapsis de modo doloroso) al escuchar estaciones muy chunchas. Empecemos por decir que a.m. NO se escucha. Tampoco radio Cumbia, Panamericana, La Inolvidable, NO. La "carrera" (cuan cherche término) no durará más de media hora, y luego pueden regresar a sus estaciones chumpis y dejarnos en paz, mutuamente.
También: NO me hablen. Por favor. Yo soy feliz escuchando la música, viendo el horrible o simpático ambiente limeño (depende del distrito), pensado en la inmortalidad del colibrí, o simplemente divagando en lo más cojudo de mis pensamientos. Ustedes, y lo digo por mis años de experiencia como pasajero de taxi, no tienen, ni tendrán, un tema de conversación que me interese. Empecemos por el fútbol: NO. ¿Ok? Lo odio, y sobretodo cuando se trata de fútbol peruano y su afición por el Boys o Cristal sale a relucir y no me queda otra más que sacar mi celular y pretender recibir una llamada larguísima que dura todo el trip ("¡Hola chola! ¿cómo andas? ¿en serio? ¡Cuéntame!" - eso puede durar hasta 25 minutos con varios "ajá", "no te creo", "oye, que bad", "si pues, ¿y qué más?"; olvídense, el Oscar va TANTO para mí. Nicole Kidman es una bicoca a mi costado). Tampoco me hablen de política, empezando porque es un tema que NUNCA me ha gustado, y luego, hablarlo cuando estoy camino a hacer otra cosa, y con un hombre que opina que "la situación es terrible" y cosas semejantes que TODO el mundo piensa y opina... no gracias. Evítenlo. Ahora, tomen rutas decentes. Si me llevan por barracones extraños, me provocará aventarme del carro porque creería que estoy al borde del secuestro, así que manténganse en rutas, avenidas y calles conocidas. Por último, dos cosas más: (i) Si su carro y/o usted huele relativamente mal, por favor coloque un deodorizador (o varios) en lugares donde se expanda el aroma; (ii) Si yo, por educación (recalco, por educación, no conversación), le pregunto al subirme al taxi "¿Qué tal, cómo está?", le ruego e imploro, por favor, NO me responda: "Ahí pues, usted sabe como anda la situación, uno tiene que buscar trabajo, y termina haciendo... bla bla bla." De ahí terminamos (no sé cómo) hablando de su hijita Yerly que celebró su cumpleaños con motivos de los Teletubbies.
Les agradezco de antemano,
YO."
Ahora bien, sé que este post nunca llegará a manos de un taxista, ya que mi blog es demasiado RAGIO para algo así... pero... ¿nadie sabe, no?

Friday, September 22, 2006

Ragios wear Prada

"Beware of all enterprises that require new clothes".
Henry David Thoreau, 1854.
Si alguno de ustedes, queridos lectores de blog, alguna vez se preguntó el porqué de mi constante afán y reiteración por la palabra "RAGIO", ahora sólo me queda mostrar el ejemplo perfecto de alguien RAGIO.
Hace unos tres años, Lauren Weisberger escribió una genial novela titulada "The Devil wears Prada", la cual fue un veloz New York Times Bestseller, y con justa razón. Este año, se estrenó la película basada en este libro, protagonizada por una sensacional Meryl Streep y una precisa (y preciosa) Anne Hathaway. Yo, que había leído el libro meses después de su publicación, lo amé con pasión y devoción; y cuando me enteré que iban a hacer la película... bueno, resulta que ya regalé esos jeans. La cuestión es que yo lloré sangre como virgen bamba porque me imaginé que nunca llegaría a este retrógrada país, y ya me imaginaba sentado en mi casa viendo el DVD pirata de Polvos Rosados, con la carátula mal impresa, una imagen pixeleada y un título ridículo como "el Demonio de las Modas". Pero, mal que bien, con dos meses y medio de retraso... se anunció en Perú. Un stiletto (taco aguja, para los que obviamente necesitan traducción) rojo, el cual tenía un taco que terminaba en un demoníaco trinche, era el poster que indicaba la pronta llegada de esta película a las salas peruanas; y por primera vez, la palabra "próximamente" tomó un significado en mi persona que no lo había tomado antes. Era esperanza. Este país... puede salvarse.
La cuestión es que fui el jueves 21 de setiembre, día del estreno, a ver la tan ansiada película. Speechless. Simplemente magistral. No la quiero definir como una película buenasa. Tampoco como una película linda. Y menos como una película cague de risa. Es simplemente, una película RAGIA. Con todas sus letras: R-A-G-I-A. Cada movimiento, cada zapato, cada gesto, cada chiste y cada gramo de sarcasmo completan una esfera de perfección. Meryl Streep respresenta un personaje nunca antes visto en el cine. Miranda Priestly: una diva de hielo. NUNCA vi un reparto mejor vestido, por DIOS SANTO. Mi obsesión por la Haute Couture llegó a su pico. Era como cuando te sirven un plato que te encanta y lo han cocinado y preparado perfecto, con los mejores ingredientes. No hay parte que no te guste, y te lo comes hasta prácticamente lamer el plato (figurativamente, claro... cela n'est pas chic). Me da pena saber que no todos aprecian esto, y que para muchos, puede sonar como la mayor cantidad de cojudeces a la que alguien ha dedicado sus minutos para escribirlas. Christian Lacroix, Narciso Rodríguez, Marc Jacobs, Jimmy Choo, Roberto Cavalli, Vera Wang, etc. Todos ellos son de los mejores artistas de nuestros tiempos, y es impresionante ver cuánta gente considera que por no haber óleos, acuarelas, o roca... el arte deja de serlo. Son la gente que pone su granito de arena para hacer nuestro mundo cada vez más RAGIO.
En fin... fácil este post no tiene sentido para casi nadie; pero tenía que contar lo que sentí al ver esta perfecta representación de un mundo que es el pincel del estilo y del buen gusto en la realidad. Nunca había volcado tanta profundidad en tanta superficialidad. Sólo les puedo decir que vean la película y traten de aprender un poco de un mundo que pocos conocen (y diviértanse haciéndolo). Ahora, en las RAGIAS palabras de Miranda Priestly: That's all.

Thursday, September 14, 2006

Being Bridget

Ahora decidí reorganizar mi estante de libros (Reorganizar = mover 5 libros), y entre mi antiguo Código Tributario (me dieron arcadas al verlo), La Ciudad y los Perros de Vargas Llosa, y Confessions of a Shopaholic (I y II - si no los han leído... deberían), encontré un empolvado "Diario de Bridget Jones", obra de la genial Helen Fielding. Yo no suelo ser la persona que ve la película antes de leer el libro, pero en fin... admito que no conocía del libro hasta ver la película, increíblemente protagonizada por una idónea Renee Zellweger. Ahora bien, la razón de este post es que cuando tomé el libro y lo hojeé nuevamente recordando lo divertido que me había parecido (si vieron la película y les gustó... LEAN el libro), decidí releer algunos capítulos, añorando al cómico personaje que le había agarrado tanto cariño en un momento de mi vida.
Luego de varios minutos, párrafos y palabras, me di cuenta de algo tan cómico como preocupante: creo que soy Bridget Jones. Obviamente no en el sentido estricto de la palabra, por Dios. Pero su forma de ver el caos de su humanidad es la misma que tengo. Su relación con sus amigos es casi igual a la mía. Sus frustraciones son mías también. Por ejemplo, les copiaré lo que sale en la parte de atrás del libro, y los que me conocen se darán cuenta de la inmensa similitud que Bridget y yo tenemos. Los que no me conocen tanto... pueden hacerse la idea. Here it goes:
"(...) Helen Fielding ha creado un personaje cómico, hilarante, que habla sin tapujos de su vida y de sus contemporáneos. (...) es un personaje que se hace rápidamente entrañable al lector (...), y al iniciar su diario, se propone cinco objetivos principales: perder peso, dejar de fumar, controlar el alcohol, ser encantadora y conseguir un amante estable. Por su diario y su vida desfilan sus padres, sus amigas (totalmente bizarras), un amigo gay, (...) y otros muchos personajes, en una serie de situaciones divertidísimas".
Hmmm. Preocupante. La diferencia clave es que yo aún no rebaso los treinta años, así que algo de tiempo me queda para superar mi nivel de desgracia. Para hacer más claro el asunto les copiaré un par de cosillas divertidas que hacen única mi relación con Bridget:
"Martes 3 de enero
59.95 kg (terrible desliz hacia la obesidad, ¿por qué? ¿por qué?), 6 copas (excelente, no me caí), 23 cigarrillos (muy bien... creo), 2572 calorías".
"Domingo 15 de enero
57.15 kg (excelente), 0 copas (increíble), 29 cigarrillos (muy, muy mal, sobre todo en 2 horas), 3.879 calorías (repulsivo), 942 pensamientos negativos (aprox. a una media de uno por minuto), 127 minutos malgastados contando pensamientos negativos (aprox. -estúpida-)".
"Miércoles 15 de marzo
57.10 kg, 5 copas (vergüenza: orina de Satanás), 14 cigarrillos (hierbajo de Satanás, lo dejaré el día de mi cumpleaños), 1795 calorías".
Ay, querida Bridget. Creo que lo peor de todo es que alguna vez me tiré en mi cama, me serví una copa de vino blanco (y no uno rico), y puse en mi radio "All by Myself" de Celine Dion mientas entraba en crisis depresiva por las situaciones angustiantes de mi vida. On the bright side, a Bridget no le va mal al final de su historia, pero tiene que sobrellevar muchas desgracias que esta perra vida goza tirándonos encima. Termino de escribir este post y digo orgulloso que ahorita (9:45 p.m.) solo comí una tuna, me tomé 5 vasos de agua (me hago la pila, MAL), y boté mi encendedor para que no me provoque fumar más (hasta mañana claro, me compro otro).

Wednesday, September 06, 2006

Gamarra City

Hace unos meses, el ciclo pasado, tuve que hacer un trabajo de investigación en el centro comercial de Gamarra. El trabajo consistía básicamente en analizar el funcionamiento comercial del local para el día de mañana poder desarrollar un horizonte amplio sobre cómo elaborar publicidades para zonas... eh, bueno... semejantes a ésta ("No siempre van a hacer publicidad para gente nice, por si acaso", dijo ilusamente el profesor del curso. En fin, business son business). Ya que nunca comenté esta cómica e inolvidable experiencia, aprovecharé para hacerlo en mi blog, RAGIO, para mis lectores, RAGIOS también.
Partimos yo y mi grupo de compañeritos a este lugar, el Centro Comercial de Gamarra. Para ser franco, yo no había ido a este sitio nunca. Contaba la leyenda urbana que ahí vendían ropa de marca bamba, y que se compraban telas y abarrotes al por mayor. "¿Será cierto esto?", decía la Cristina Saralegui que vive en mi ser (Todos llevamos una. Viene en el paquete, junto con un gladiador, una hechicera rusa, un personaje de los Simpson -en mi caso es Lisa-, un monje franciscano y el duende de Milkito), y yo sólo quería comprobarlo. El taxi nos llevó a un distrito alejado de la decencia, donde los olores de chimichurri, queso serrano, empanada mixta y coliflor mal hervida se unían en una amalgama de putrefacción que me dopó por unos cuantos minutos. El sitio era en parte como me lo esperaba, súper C/D, ya se imaginarán. Pero estaba dispuesto a hacer de este día una aventura. Recopilamos datos, hablamos con gente, entramos a locales, etc. Es decir, hicimos lo pedido. La gente nos miraba como si hubiésemos llegado en el jet del sultán de Brunei, y eso que según nosotros estábamos en nuestras peores fachas (eso que el hábito hace al monje es más falso que las tetas de la Señora León. La percha es TODO). A eso del medio día, se aparecieron 4 shipibos que decidieron caminar en medio de la plazuela ésta, con boas encima. Vendían cebo de boa, de anaconda, no sé que mierda. Una serpiente por el estilo. Supuestamente este producto quitaba manchas de la cara, dejaba de lado la vejez, erradicaba las arrugas y brindaba gracias de este tipo. ¿Para qué chucha creen que existe CLARINS - Paris? (for Men también hay. Es RAGIA) ¿O Nivea Q10? ¿La Prairie? Para todas estas debacles dérmicas, pues. Ni por todo el oro del mundo me zampo grasa de boa de Ucayali en la cara, señor aguaruna. No no. No se hace.
Otra situación super cómica se dio cuando fue hora de almorzar. Este sitio, que dentro de lo chelfo que es, es de lo más futurista, tiene Food Court y todo. Así que decidimos ir a comer algo por allá. Cuando entré vi un montón de establecimientos bien chuspis, así que me acerqué a lo más cercano a mi realidad: Kentucky Fried Chicken. Super relax, me paro en la cola y decido observar el menú para ver qué comer. Para mí el KFC siempre ha sido igual a donde vaya, las cosas no cambian, los combos son iguales, la comida también. Imagínense mi sorpresa cuando me encuentro con un menú (KFC - una cadena internacional enorme y poderosísima, OJO) que ofrecía 2 piezas de pollo acompañadas de estofado, arroz con pollo (sí, el verde.), seco de carne y pan bollo. ¡Por los clavos de Cristo, los pareos de María y las galletas de San Jorge! ¿Qué estaba pasando? Y eso no es lo peor de todo. Luego mis ojos se posaron encima del ahí descrito como "Popular Combo MUPI - 1 y 2" Le tuve que preguntar a la muchacha de la caja: "¿Disculpe, qué es este "Combo MUPI?" Ella, cero ragia, me responde: "Ay señor, es el combo Muslito-Piernita, por eso MUPI. ¿Quiere uno?" En ese momento lo único que quería era una dosis letal de Rohypnol, así que tuve que decirle amablemente que no. Me compré un Twister al que abrí cual operado en Grey's Anatomy para ver si tenía arroz verde o rezagos del combo MUPI por dentro. Habráse visto.
Tuve que regresar a la civilización a remojarme en Pato Purific. Miren, yo no quiero sonar déspota, atorrante, o demás apelativos así malulos, ¿ya? Pero esas zonas son horribles. No se compra ahí. No se come ahí. No se vive ahí, ni en zonas aledañas. Pero uno debe SIEMPRE conocer su país. No estaré enamorado de éste, como Eva Ayllón, pero al menos puedo decir que... no es mi tipo.