Monday, November 09, 2009

Sale Caliente

En el Perú no nos dejan digerir las noticias. Uno siempre escuchó de la abuelita decir: si te comes la masa de galletas antes de cocinarse, te va a caer mal. Bueno, opino que algo así sucede con la prensa peruana. Aunque no sé si lo correcto sea culpar a la prensa, a los causantes de tanta noticia o por último al público peruano (me incluyo) por no saber cómo manejar tanta aglomeración de noticias. Sólo sé que comerme tanta noticia sin cocinar, me está cayendo bomba.
Si un extranjero acudiese a mí en una noche de copas, preguntándome qué sucede actualmente en el Perú, me imagino girando mi silla del bar, haciendo un ademán con la mano que obviamente derramaría un poco del martini que cargo, emitiendo una sonrisa de dos de la mañana, y terminaría respondiéndole lo siguiente:
“Mira, parece que hay un problema súper político. Humala, un ex-candidato a la presidencia, mortífero como él sólo, insultó al presidente actual en un meeting en Cusco. Y no sólo a él, también a uno anterior, Fujimori, seguro te acuerdas de él, porque, bueno, quién no se acordaría de un presidente japonés en el Perú, ¿no? Además, resulta que su hija, una chinita con sobrepeso, se está lanzando a la próxima presidencia, y lo peor de todo es que tiene quórum para ganar. Go figure! Y por alguna extraña razón un par de lesbianas se entregaron a la policía, creo que le habían arrancando el pulmón a una empresaria y luego lo dejaron tirado en la Plaza Camacho. Terrible, ¿no? Pero lo peor de todo, ¡es que era un fraude! Todo fue una cortina de humo para vender más entradas al concierto de Depeche Mode, del cual la gente salió histérica porque le agradecieron a Chile diciendo que el pisco no era peruano. Además, en el interín se pelearon Mónica Hoyos y Magaly Medina, la reportera de chismes que estuvo presa, fácil la ubicas, porque parece que un tal Piluchín había dicho que no era maricón pero que sólo lo habían visto en una discoteca gay con una tal Thalia Brindis; ¡Brindis! ¡Salud! ¿Qué tomas? ¿Uno de éstos? Un dry martini para el señor, por favor. Bueno, la cosa es que la chica Brindis había participado en un crimen con una tal Heofken, que creo que es la diseñadora de una suerte de cómic de un pez mudo con las pelotas al aire, que por lo visto, es muy vulgar para ser admitido en Indecopi, así que lo han vetado. ¿Pobre, no? Y como es mudo, ni se puede quejar. Me parece de pésimo gusto. Y hablando de pésimo gusto, hay un roche tremendo entre Christian… ¿I wanna say: Fefer?, que es el ex de Laura Bozzo, la conductora del programa donde lamen alas por veinte dólares, ese fijo lo has escuchado, yo tengo una amiga que escuchó a un cubano hablar de ese tema en una tienda en Nueva York, ¡calcula! Bueno, la cosa es que se ha peleado con Magaly (sí, la misma que mencioné antes, es súper controversial la señora), porque parece que el sujeto éste pedía plata a cambio de hacer tours en la casa de la Bozzo, ya ni sé si será cierto. Yo no pagaba ni un rin para que me paseen por Monitor, ¡qué bodrio! Y ahora está que amenaza con demandar a quien sea que lo llame mantenido. Pero bueno, si camina como pato, come como pato y se gasta toda la línea de crédito y revienta las tarjetas íntegras de su amante – veinte años mayor- como pato, es un pato, ¿sí o no? A mí con vainas. Y hablando de demandas, si yo fuera la Tigresa del Oriente, fijo demando a Cacho, ¡no viste que le molió la cara de un rodillazo! Shock. Seguro la dejó más bruta de lo que la pobre ya es. Eso les pasa por hacer acrobacias en horario matutino, quién les manda. Aunque fácil todo fue mentira y resultó siendo una estafa. Porque acá las estafas sobran. Me imagino que te enteraste también del escándalo con “Pare de Sufrir”, esa pequeña iglesia trucha de origen brasilero, donde lavaban más dinero que lo que Martinizing lava ropa. Pobres feligreses, nunca imaginaron que sus diezmos semanales serían desviados para atender los intereses particulares de las altas cabezas, para que los hijos de puta se compren carros último modelo, casas de playa, ranchos y yates (por lo visto gastaron su fortuna robada en los años ‘60)… una pena. Seguro algo tienen que ver en la evasión tributaria del club de fútbol éste pues, la U; que decidieron evadir más impuestos que Martha Stewart. ¡PRESOS! Digo yo, ¡PRESOS! Otro martini, por favor. ¿Te gustó el tuyo? El de acá es buenísimo. Pero bueno, como verás, querido amigo de allá, no tengo idea de qué coño pasa en el Perú porque pasan demasiadas cosas a la vez, y cualquiera pensaría que es muy fácil confundirse. Así que ya sabes, si escuchas del pulmón de la chica Thalía Fefer, que se lo arrancó a una lesbiana por lavar dinero que sacó de la tarjeta de crédito de Laura Bozzo, la cual se peleó con Magaly por gritar “Viva Chile” en el concierto de los Pet Shop Boys, los cuales fueron al meeting de Humala en Cusco, donde se sacó la mierda la Tigresa del Oriente, ¡seguro porque se peleó con la chica Thalía pues! En todo está metida la chica Thalía. Así que, ¡qué te puedo decir, amigo de allá! Yo sólo vengo a tomar martinis y escuchar música, porque si voy a mi casa, me termino enterando de cosas que no logro digerir en su totalidad, desde evasiones de impuestos hasta ver que Mari Pili Barreda me manda mensajes por Facebook pidiéndome que asista al reestreno de Cabaret. Salud.”
A Dios gracias no soy predecible, porque de ser el caso, esto se cumpliría como predicción de Pochita, la brujita del amor, la cual seguro está a punto de meterse en un escándalo, como todos.

Wednesday, November 04, 2009

La Leyenda del Parque - Parte II

Capítulo 3: La Zona Internacional
Una pampa beige y oxidadas jaulas rectangulares se divisaban a lo lejos, haciéndose cada vez más claro el descuido de las mismas mientas nos acercábamos. El primer animal que nos recibió en esta zona fue, nada más y nada menos, que el león, el rey de la selva. Bueno, creo que éste era máximo el alcalde de la chacra, porque el pobre estaba en un estado tan lamentable que terminó de partir mi diabólica alma. La melena se había visto reducida a unos mechoncitos que colgaban cual tratamiento quimioterapéutico, su andar era lento y fofo, y cuando en un momento se puso en posición de rugido, emitió tal extraño y áspero sonido que lo único que provocó en mí fue recomendarle Benylin Tos Seca. La leona, por su lado, parecía haberse comido al lobo marino que vimos previamente, porque literalmente arrastraba la barriga por el piso. No se sí estaba embarazada o si tenía problemas de tiroides, pero era chocante su tamaño.
Detrás de los pobres felinos decadentes, se encontraba un jardincillo con pavos reales. Estáticos como piedras, estaban echados en el pasto con su fantástico plumaje (son regios estos pájaros, eso sí) brillando multicolormente bajo nuestro sol primaveral. Subí la mirada y vi un cartel que decía: “No me alimentes, me encuentro en una dieta especial”. Ay bueno, hoy en día, ¿quién no está en una dieta especial? Ya se acerca el verano, y hasta los pavos reales están en operación bikini. Pero me imagino que hay que advertir al público igual; ya puedo ver en los periódicos “pavos reales del Parque de las Leyendas mueren envenenados por Tetín Pop”. El siguiente animal en esta parte era el tigre. Personalmente, el tigre es uno de mis animales preferidos, es lo suficientemente salvaje, bonito y exótico para llevarse todo mi interés, así que esperaba que por lo menos éste no estuviese en estado de putrefacción. Por suerte me di cuenta que se le veía relativamente sano, pero estaba privado en el piso de su pequeña jaula abriendo los ojos de vez en cuando para percibir con aire de resignación los gritos de los niños: “¡el tigre mamá, el tigre!” (Noooo, ¿en serio? Pensé que era una foca). Luego caminamos hacia una fosa que envolvía un espacio abierto donde se encontraba una pareja de osos. Su “prisión” era un enorme espacio con pasto, rocas, hasta una especie de casita para refugiarse del frío. Sólo pude pensar en la tremenda injusticia que esto suponía, considerando que la jaula de los leones era minúscula comparada con la suite presidencial de los osos. Nuestra siguiente parada fue en el sector de los hipopótamos, donde nos dedicamos a ver una madre hipopótama (obesa, obvio) empujar por el trasero a su pequeño bebé para bañarlo en un mini charco que les han acondicionado. Admito que el baby hippo era una cosita de lo más tierna, parecía hecho por Pixar.
Nuestra siguiente parada fue en un establo de bueyes (¿?) así que pueden imaginarse que no hubo nada muy emocionante por documentar. Luego se encontraba el sector de cebras, las cuales siempre se ven realmente bonitas; juntas parecían un cuadro. Pero lo extraño fue ver a una cebra suelta en el perímetro donde está encerrada la jirafa. Era realmente insólito ver a la jirafa gigante caminar por su pequeño hábitat artificial con una pequeña cebra que la seguía metros abajo. ¿Era su mucama? No tengo idea, pero lo que sí me quedó clarísimo fue que la jirafa necesitaba una potente dosis de Prozac, Zoloft o Paxil (sí, me los conozco todos; y sí, por lo visto pretendo medicar a toda la fauna del parque), porque estaba con una cara que transmitía la más crónica de las depresiones. Finalizamos el recorrido de la zona cadavérica, perdón, internacional, con el cercado de las cabras de monte. Como sospecharán, nada digno de conversación puede salir de ver una cabra de monte, así que cuando nos acercamos para ver alguna gracia del bicho, ésta empezó a saltar como loca y lengüetear la reja que la separaba de nosotros. Me di cuenta que su demencia se debía a una bolsita de Chizitos o papitas que tenía una de mis amigas en sus manos, y le desorbitaba así los ojos a la cabra. “¿Ves? ¡Es por eso que te usan para representaciones satánicas!” le grité sin más al animal. Me reí sólo de mi conjetura así que decidí anotarla en mi block. Así que ahí me encontraba yo, parado, regio, con lentes gigantes y apuntando en mi fiel libretilla, cuando de repente escucho a una mujer decir atrás mío: “No, es que ellos son de otro país, pues, y vienen a apuntar”. ¿AH? ¿QUÉEE? ¿CÓOOMO?Así eso fuese cierto, ¿qué demonios creerían que yo, el “extranjero”, apuntaría? No pude evitar atorar una carcajada y apuntar instantáneamente lo que había dicho esta sujetilla en mi pad. Lo irónico es que fue ESA frase la que terminé apuntando en la libreta. Gracioso darme cuenta que por lo visto, de acuerdo a esta gente, lo más internacional de la zona Internacional, era yo.
Capítulo 4: La Selva
Antes de cambiar radicalmente de ambiente, distinguimos una edificación cuadrada y negra, desde la cual se escuchaban gritos misma casa del terror. Así que nos acercamos a ver qué onda con esta locación, la cual resultaba ser un laberinto de espejos. Por un momento consideramos la idea de entrar, pero querían cobrarnos como seis soles por persona (lo cual es un ripiecillo cualquiera, pero me indignaba tener que pagar por entrar a un cuarto lleno de niños – multiplicados a causa de los espejos- que para colmo olía a tigrillo, a pesar de no haber ni uno de éstos en el parque), así que decidimos mejor no hacerlo. Además, la selva nos esperaba.
El cielo advertía que sólo nos quedaría como una hora de sol, así que decidimos acelerar el paso hacia un espacio cubierto por los inconfundibles chillidos de guacamayos y monos. La “selva” nos recibió con un falsísimo estanque lleno de coloridos peces y fangosas aguas, en el cual flotaba más basura que en el mar de Chorrillos. Realmente daba un poco de vergüenza ajena ver el estado de estos ambientes, y no porque no los limpien, sino porque exista la necesidad de hacerlo con tanto rigor. Sobrecitos de kétchup, botellas, envolturas, galletas, canchita; creo que vi hasta un Chicle Baby flotando a la deriva. Cuando esos peces muten a monstruos de tres ojos, me encargaré de culpar personalmente a todos los moticucos antihigiénicos que arruinan el hábitat bamba que les han creado. A ver si aviento a tu hijo (sí, el del moquillo pegado en el mentón) a la acequia la próxima vez que te vea tirar tu envoltura plástica vacía de maní dulce.
En medio de esta lagunilla había una suerte de isla con una estructura de madera y lianas que colgaban de todos lados. Y obviamente, era éste el sector de los monos, los cuales, como buenos monos, saltaban, gritaban, se meaban, se tocaban indebidamente y comían cuanta fruta rancia hubiese en el perímetro que les delimitaba el foso de agua. El resto del camino selvático estaba compuesto por grandes jaulas donde se encontraban miles de pájaros coloridos que emanaban una sinfonía compuesta por los más alterantes y tropicales sonidos del mercado. Luego vimos a un par de sachavacas, sajinos, y a todos esos animales que son tan feos como sus nombres. Debo admitir que la Selva me decepcionó un poco. Todos suelen jactarse de la fantástica fauna de la selva peruana, sus fabulosos animales y su impresionante diversidad de especies. Bueno, aparte de cuatro monos locos y los pericos multicolores, no puedo decir que se me haya mostrado lo mejorcito de la jungla peruana. ¿Dónde están las anacondas, los otorongos, gallitos de las rocas? Carijos, a estas alturas me contentaba con ver a una shipiba en jaula, creo.
Luego apareció de la nada un claro ambientado cual tribu selvática, donde un sujeto con poncho tarapotino (pero zapatillas del Mega Plaza) tocaba un bizarro instrumento y vendía pucas y bisutería como si en verdad estuviese en medio de la Selva alta o Rupa rupa (sí, esa división, la del colegio). Lo único que llamó mi ojo fue una laguna cubierta íntegramente por esas hojas redondas que flotan junto con flores moradas y saltan sapitos alrededor (súper “La Sirenita” en su fase muda), porque parecía de verdad (o sea, sé que las plantas eran reales, pero me queda claro que esa laguna fue más armada que el Joven Manos de Tijera); aunque se vio todo rotundamente arruinado cuando divisé una caseta flotante de madera la cual a primera impresión parecía una graciosa balsita y una divertida idea, pero de ahí me di cuenta que era sólo un elemento decorativo para que la gente se tome fotos (y ESE tipo de fotos, las que terminan en marco de cartón). Fue entonces cuando escuché el último comentario de la zona. Una adolescente aledaña le dice a su amiga la cual estaba comprando un plato en el “Restaurante Típico de la Selva”, ubicado al lado del hombre de las pucas: “Melody (asumo por su bien, que así se escribía su nombre), ¿ya probaste el tacacho?” OK, Pensé yo: efectivamente me encuentro en la selva. Así que nos movilizamos una vez más, dispuestos a adentrarnos en la última zona planificada en nuestro recorrido.
Capitulo 5: La Sierra
No podría decirles si dejar la Sierra para el final fue una muy buena o una muy mala idea. Por un lado, ya estábamos agotados: habíamos caminado todo el día, estado bajo el sol non-stop, adquirido y consumido golosinas de dudosa procedencia, y soportado a cantidades industriales de personas. Y por otro, la zona de la Sierra no era muy emocionante que digamos. Un cerco con ovejas, un par de llamas y alpacas repartidas por ahí, unas águilas, gavilanes y aguiluchos (que eran lo más simpático del sector) y finalmente un par de cóndores gigantes que siempre son imponentes. Pero lamentablemente mis energías para documentar se veían mermadas cada segundo. Así que hicimos el recorrido a paso relativamente veloz, haciendo chistes al respecto de cómo la gente se caga olímpicamente en los carteles de advertencia y alimenta a los pobres animales con cualquiera sea el alimento que tengan en mano.
Mientras el sol proyectaba los últimos rayos de la tarde, iba dejando un claro y anaranjado ultimátum que nos indicaba que el día se estaba terminando. Así que retornamos hacia la zona de la entrada, donde un lamentable Barney seguía haciendo su show, realizando alegres y forzados ademanes a los niños que rondaban con sus padres las inmediaciones del Parque de las Leyendas. Mi amiga Antonella se aproximó para verificar la afable personalidad del dinosaurio, y yo sólo me acerqué con ella y le hice la siguiente pregunta: “Perdón, pero, ¿no odias tu disfraz?” Un extraño silencio se dibujó tras la falsa sonrisa de espuma, rompiéndose luego con la respuesta más inverosímil que pude imaginar: (voz de Barney, igual a la que sale en la traducción que dan en Discovery Kids) “¡Hola amiguitos! ¡Espero se hayan divertido!” Hmmm. Bajé mis lentes de sol hasta la punta de mi nariz, emitiendo solamente el siguiente comentario: “Sí, eso pensé. Adiós.”
Y fue así como salimos del zoológico, nos trepamos al carro y partimos de vuelta a nuestros lares. Lo gracioso fue que a pesar de todo, el Parque de las Leyendas nos ofreció una experiencia diferente y en verdad, bastante divertida. Y sí, vi un león al borde de la putrefacción, una jirafa depresiva, un oso con (al parecer) soriasis, un grupete de cabras tronadas, lobos marinos obesos y gente que no respetaba la más mínima norma de cuidado, pero mal que bien, están ahí. Haciendo del Parque de las Leyendas el lugar que es y me imagino sigue tratando de ser. Así que esa famosa leyenda que nos decía que había un parque zoológico en el Perú con animales del país y del mundo, era relativamente cierta. Pero al igual que con todas las leyendas, una vez que ahondas en el tema, descubres que las cosas nunca son como te las habían contado.

Sunday, October 25, 2009

La Leyenda del Parque - Parte I

Capítulo 1: Flashback

Sé que nuevamente me demoro más de lo habitual (aunque creo que es la demora lo que ya se ha convertido en lo habitual) en escribir un nuevo post, pero espero al menos llenar las expectativas en los bloques de ausencia con mis espontáneas ocurrencias / experiencias. Así que como nueva aventura en búsqueda de lo desconocido que en verdad es conocido, acepté la invitación de mi amigo José Luis, para acompañarlo a realizar un fotorreportaje, el cual aprovecharía yo también para utilizar como investigación socioliteraria (me encanta cuán regio y tronado soy, que me invento palabras), para posteriormente plasmarla en mi fiel blog. Cuando le pregunté dónde haría su reportaje, sus palabras llegaron como tal cachetada noventera que juro escuché la voz de Zack Morris por unos segundos: “Al Parque de las Leyendas.” Wow. Bueno pues, vamos al arca de Noé versión radioactiva a ver cuál queda vivo.
El sol reventó la mañana del sábado que todavía sabía a viernes (literalmente, el vodka aún estaba en mi boca y los beats de Jumi Lee – we heart Jumi- en mi cabeza), haciendo más rápido (pero no por eso más agradable), el despertarme y arreglarme para un día de experiencia zoológica. Escogí el primer atuendo que encontré (mentira, un jean viejo- pero no por eso menos Calvin Klein que el de la noche anterior-, camisa primaveral über GQ 2009, zapatos que completaran el atuendo y lentes gigantes), cogí mi murse con todos los elementos requeridos en esta nueva aventura, entre éstos mi pequeño block y lapicero respectivo. Salimos a eso de la una después de hacer trámites y recogidas particulares, ya que tres amigas más nos acompañarían en nuestra travesía al reino animal. Con excelente música pero terrible tráfico, nos movilizamos de un lado a otro de la ciudad para poder alcanzar nuestro destino. Cuando entramos al estacionamiento, admito haberme sorprendido por la cantidad de carros que vi dentro. ¿Este sitio no había, como que, SÚPER pasado de moda? Me habían dicho que sólo quedaba un tigre con leucemia y que la jirafa tenía tumores, pero por lo visto ver animalitos sigue siendo un bizarro afán de los niños, así estén al borde de la eutanasia; pensó mi sardónica cabeza. Me dio risa la cantidad de puestos de juguetes y huevaditas que han puesto en la entrada antes de la boletería. Muchísimos peluches y monocromáticos animales de plástico se encontraban ordenados en meses y parantes, cosa que encontré muy divertida, ya que entre los animales había no sólo algunos que jamás podríamos ver en el parque (cobras y rinocerontes) sino también algunos que jamás podríamos ver en la Tierra (sin la ayuda de Disney), como dragones. Entramos entonces pagando los nueve soles correspondientes por personas, en ventanillas tétricamente similares a las de los Juzgados Civiles (no pienso volver a recalcar la cantidad de veces que tuve que realizar trámites públicos por ser practicante de derecho), y me detuve un momento en la entrada para leer el estricto cartel plantando frente a nosotros. Se nos prohibía el ingreso con cigarros, encendedores, botellas de vidrio y objetos punzocortantes, entre otros. Señores, por favor, cómo se les ocurre que voy a venir hasta acá a degollar monos, o en el peor de los casos, darles armas blancas. La primera suerte de animal con la que el zoológico nos recibió, lamentablemente, fue con uno falso, de espuma, y morado. “¡Barney!” gritó una pituda niña atrás mío, y corrió a tomarse fotos con el adefesio éste. Decidí pasar esto por alto y hacer una primera y oficial investigación del local. Hace años que no lo pisaba, así que mi cerebro tuvo que pasar por varios de los archivos y backups mentales que yo había hecho a lo largo de mi vida para ver si realmente el Parque de las Leyendas era como yo lo recordaba. Gran parte sí, así que decidí acercarme al mapa para refrescar mis lagunas. Mis amigos me pidieron organizar el itinerario del día, así que propuse empezar por la zona de la Sierra, pero al final decidimos dar inicio al recorrido por la Costa. Avanzamos entonces hacia la zona izquierda del parque, donde vimos una plazuela con paredes cubiertas de enormes fotos de animales como osos pardos, leones, chimpancés, etc., indicando sus lugares de origen, someras descripciones y vulnerabilidad ante la extinción. Las fotos eran bien bonitas, parecían la versión animal de Vogue. Estuvimos unos minutos ahí hasta que dije: “Ya, mucha gigantografía y poco animal. Es hora de movernos.” Así que decidimos entonces aventurarnos hacia un puente colgante tras el cual se divisaba un edificio azul al fondo, rotulado ‘Acuario Lobos de Mar’.
Capítulo 2: La Costa
Ya que ninguno de nosotros cogió un mapa portátil (al comienzo empecé a gritar que cómo era posible que no tengan mapas en el local, pero cuando vi a una familia súper “hacemos-compras-en-Minka” con un mapa bien plantado en las manos del padre, me di cuenta que éramos nosotros los imbéciles que nunca se les ocurrió pedir uno), nuestra aventura sería un poco improvisada, ya que teníamos destinos planeados, mas no rutas. Caminamos por el puente colgante, descubriendo que bajo nosotros se encontraba una reserva de venaditos. OK, era un animal bastante aburrido para ser un zoológico, pero era el primer ser vivo poco usual que veía desde mi llegada al parque (sin contar a Barney). Al comienzo fue divertido caminar por este puente, mirando a la mini pampa con cervatillos saltarines y pequeños que, a quién demonios no le hacen acordar a Bambi, post muerte de la madre. Tuvimos que parar al final del puente porque una parejilla de lo más desubicada decidió tomarse fotos, mientras varios niños saltaban en el puente (mencioné que era colgante, ¿no?) como si éste fuese cama elástica de la Granja Villa. Así que luego de considerar el genocidio infantil, avanzamos hacia el síguete punto en nuestro recorrido costeño, los lobos de mar. Tres piscinas de no gran tamaño se encontraban juntas, con diferentes especies de lobos marinos en ellas. La primera tenía uno que parecía una suerte de foca, saltaba y jugaba con un entrenador y era aplaudido por el mortífero público concurrente. La segunda tenía a uno enorme, el cual trataba de moverse por su pequeña pecera con una actitud de lo más derrotista. El pobre lobo obeso jugaba con una botella de agua Cielo que flotaba en su “hidroprisión” (qué ASCO, la gente ya no tiene el mínimo respeto), y tengo que admitir que esto quebró un poco mi negro y frío corazón. Si recién estoy viendo el estado de los primeros animales, ¿soportaré llegar al final de parque? ¿O este día sólo me dejará claro el funcionamiento de la más vil representación del cautiverio? Decidimos entonces bajar a una suerte de túnel debajo del acuario, en donde puedes ver a los lobos nadar bajo el agua. El oscuro pasadizo sólo se llenaba del reflejo azul de las piscinas, entrando a través de unas ventanitas por donde podías ver a los lobos nadando en sus siete metros cúbicos de agua. Nuestra entrada fue recibida por el tétrico sonido de gritos de niños enfatizados por el eco del espacio cerrado, cosa que me hizo pensar ipso facto en una película de terror de bajo presupuesto (¿por qué es que en una película de terror, los niños pueden llegar a ser mil veces más creepy que cualquier espectro, asesino o demonio?). Estuvimos un rato ahí hasta que el olor del aire viciado nos sacó a patadas, así que decidimos conocer la siguiente parada en nuestra ruta. Tratando de salir nos cruzamos con centenares de niños que gritaban más, se chocaban con nosotros y se empujaban entre sí. Por Dios, ¿de dónde cuerno salía tanto niño? ¿No puede venir alguien de otro país para llevárselos, por favor? ¿Dónde demonios están los Pitt-Jolie cuando se les necesita? Quizá a Shiloh y a sus hermanitos Benetton les guste una adición súper peruvian en su clan.
Avanzando nos dimos cuenta que por más corto que haya sido el tiempo dedicado a estos pinnípedos (sí, investigué la especie), nos habíamos agotado. Así que decidimos parar en un pequeño quiosco para comprar algo de tomar y comer. Fue entonces cuando tuve una de las revelaciones más bizarras del día. Una vez que me encontraba cerca, me puse a observar los productos que el establecimiento ofrecía, y me di con la sorpresa de que no conocía a casi ninguno. Yo suelo jactarme de mi obsesión por los dulces, mi memoria fotográfica y mi habilidad por descifrar cuáles son los mejores productos del mercado, por lo que esta situación me dejó completamente estupefacto. Había muchos productos que vendrían a ser la imitación de otros importados, pero presentados de manera tal, que no pude evitar estallar de risa. Existe un producto gringuísimo llamado Bottle Pop, el cual es un biberón que tiene el chupón hecho de caramelo, de modo que éste es una suerte de chupetín. Bueno, este producto tenía su versión Parque de las Leyendas, llamada “Tetín Pop”. No sólo era una burda imitación, sino que su etiqueta contaba con un teléfono para pedidos (y denuncias, supongo). Adjunto una foto para que vean que no miento ni exagero.
Y como obviamente ahí nunca acaban las historias, el siguiente producto que captó mi atención fue el sensacional “Chicle Baby”, el cual no sólo tenía un envase con una particular y rosada forma de corazón, sino que contaba con la pixeleada foto de la Barbie (sí, la muñeca de plástico, ni siquiera el personaje) y una tipografía que era chocantemente mortífera. ¿De dónde carajos me sacan estos productos? ¿Se venden? El Tetín Pop se veía potencialmente letal, pero I took my chances con los Chicles Baby, y me los compré. Al final sabían a golosina barata y cuando traté de hacer un globo se me pegó a la cara cual UHU Stick, pero nadie puede decir que no lo intenté. Me encanta este lado de la ciudad con sus confites inventados.
Pero cuál sería mi máxima sorpresa, al ver al lado derecho del quiosco una plancha de metal para freír hamburguesas, donde éstas eran lo último que me dejaría perplejo. Un bouquette de salchichas (creo que es la mejor forma de definirlo), se encontraba postrado al lado; y cada uno de estos embutidos (envuelto cada uno en un plastiquillo de dudosa sanidad) se hallaba clavado cual dardo a la mitad de una lechuga, la cual servía de soporte para este elemento culinario/decorativo. Quién diría que los animales serían lo último que llamaría mi atención en mi paseo por el zoo.
Luego nos dirigimos al jardín botánico, el cual es bonito, pero definitivamente la parte más aburrida del local. Pequeños cartelitos en la base de diversos pinos, con textos como “Hola!, Soy la Cupresa Cashmeriana, el árbol nacional de Bután”, me dejaron clarísimo que nada interesante saldría de este sector del parque. Lo único divertido fue que nos escondimos tras los arbustos de Bután para fumar un cigarro entre todos como si fuese la más pecaminosa de las drogas, ya que estaba prohibidísimo el tabaco dentro del recinto animal de San Miguel. Mientras trataba de escribir la palabra “cashmeriana” en mi block, como doscientos bichos se pegaban a mi lapicero, sumándose éstos así a la pequeña colección de animales que había visto yo hasta el momento. Nos quedó claro que durante nuestro tiempo de recorrido no habíamos visto NADA emocionante (aunque Tetín Pop quedará por siempre en mi cerebelo), por lo que el hecho de que estuviésemos en “la Costa” fue más obvio de lo que sospechamos. Pero bueno, ya era hora acabar con las tonterías y ver animales de verdad. Así que decidimos hacerle caso a un cartel que nos indicaba mediante una flecha que señalaba al cielo, cómo llegar a la Zona Internacional. Sí pues, allá queda. Pero creo que la del PDL sólo se encuentra unos metros más adelante.

(continuará) (Sí, tendrán que meterse la próxima semana para conocer el desenlace de esta bizarra historia)

Thursday, August 06, 2009

DNI Reloaded (RUF.gob.pe)

Ante todo, sé que llevo casi tres meses sin escribir ni un sólo post en mi blog, por lo que me disculpo y avergüenzo un poco, pero qué puedo decirles. Hay veces que uno necesita poner su vida en drive para que su mente pueda empezar a fluir regularmente. Y eso fue básicamente lo que me pasó. Tuve medio año muy tranquilo, graduado yo, sin trabajo de por medio, ya que estaba esperando opciones que realmente me pareciesen interesantes (quizá eso es sobreestimarse un poco en estas épocas de crisis, pero todo es cuestión de encontrar un orden a la cosas), así que puedo decir, ahora sí, que necesitaba feedback del mundo para que mi blog corriese con su continuidad habitual. Así que, en retribución por estos meses de ausencia, les ofrezco un post largo, divertido y aventurero.
Así que bien, conseguí trabajo (el que quería y donde quería, sí), cosa que me alegró muchísimo, pero cabe resaltar que todo esta nueva etapa laboral vendría claramente con toda una suerte de trámites burocráticos que había, tarde o temprano, que enfrentar. Luego de unas semanas de asentamiento corporativo, tuve que sobrellevar la tarea de firmar contratos, cláusulas y poder regularizarme como ciudadano para que pudiesen abrirme una cuenta y, bendito sea el cielo, pagarme. Pero, oh sorpresa, nada es bonito en la vida de RUF: mi D.N.I. había caducado. Vencido. Podrido. Entonces pedí permiso una mañana para realizar todo este trámite en la siempre desorganizada y avinagrada RENIEC.
Por más que lo recuerdo claramente, fue hace siete años ya que un juvenil e iluso yo, se acercaba a la oficina de la RENIEC en Las Flores (la cual ya no existe) a sacar su documento nacional de identidad, parafernalia plastificada que había entrado a reemplazar no muchos años atrás a la cavernícola libreta electoral. Y por más que mis años de estudiante y practicante de derecho los viví prácticamente en la SUNARP, resignado a trabajar tema tras tema que en realidad no me incumbían, los trámites como persona natural tienen un saborcillo particular que siempre los hace distintos a cualquier revisión de documentos históricos en CONASEV (siempre te odiaré por eso, Banco Wiese). Así que me informé de cuáles eran los pasos a seguir para llevar a cabo este infiernillo burocrático, el que jamás imaginé ocuparía mi mañana entera. Un pago de S/. 24.00 en el Banco de la Nación y dos fotos pasaporte actuales. Punto. ¿Era eso todo? Bueno, no debe de ser complicado en lo más mínimo, entonces. Pensé en ir a la agencia en Mariscal Castilla, ya que queda en Surco, pero me recomendaron ir a la de San Borja, por el cruce de Javier Prado con Aviación, ya que tiene al Banco de la Nación al frente para hacer más rápido el trámite. Seguí la idea a cabalidad, junto con otra que también me dieron: tomarme las fotos ahí no más; sólo debía de seguir a unos duendecillos que gritan “¡Foto, foto!”, para ahorrarme traslados a más locales.
Así que di inicio a mi mañana partiendo hacia mi primera parada burocrática: El Banco de la Nación. Preparé mi murse mismo camping con todo lo que pudiese necesitar para sobrevivir: plata necesaria para hacerlo todo y más, botella de agua helada, iPod cargado de música fabulosa, y las últimas GQ y Vogue del mes (cortesía de mi hermano que viaja más que Madonna en sus trámites para adoptar negritos). También aproveché en llevar un pequeño cuadernito en el que me propuse apuntar el recorrido íntegro de mi día, para poder luego plasmarlo todo con lujo de detalles en mi querido blog para ustedes, queridos bloggers (luego entenderán que fue una idea clave). Subo a un taxi indicándole mi primera parada y antes de que pudiese decirle qué estación poner, le sube el volumen a una especie de “merenggeatón” de lo más danzarina, con una letra de lo más cholicursi, que gracias a mi fiel cuadernito, pude documentar: “El amor es como una luz, que se esparce por el alma, y se mueve como el agua, llenando el corazón”. Grammy.
Llego entonces al Banco de la Nación, a una sede a la cual jamás le había prestado atención, ya que era mucho más grande de lo que hubiese imaginado. Crucé las puertas y le pregunté a una chica dónde y cómo debía realizar el pago. La muchacha, muy amable conmigo (sin embargo, CERO amable con su maquillaje), me indicó qué hacer, a la vez que me advirtió de hacer todo rápido para llegar a tiempo a la RENIEC, la cual se llenaría muy pronto de gente. Le agradecí sin más y seguí su consejo; avancé velozmente hacia las colas del banco y realicé mi pago respectivo sin mayores problemas. Salí despidiéndome de mi consejera, el terror del eyeshadow (era una suerte de Cristina Vallarino meets Lorena Carevedo… radioactivas) y crucé la Javier Prado hacia la RENIEC. Ya que no había ningún letrero que identificase la oficina como tal (bravo, Perú), supuse que el edificio gris mugre con una cola hasta la calle era donde debía ir. Me paré en la cola y justo colocaba los audífonos del iPod en mis oídos cuando me di cuenta de algo: No tenía las fotos. Puta su madre. Salí disparado en búsqueda de los duendecillos Foto-foto, a los cuales pude por suerte ubicar fácilmente. “¿Foto? ¿foto?”, me dijeron, tal como la leyenda contaba, y le dije sí a uno de ellos, el más alto con bigote chifero. “Por acá, por acá”, me dijo rápidamente y yo lo seguí sin pensarlo dos veces. Avanzamos varias cuadras bordeando Javier Prado, lo cual me hacía sentir una especie de Alicia en el país de las Maravillas (bueno, maravillas sanborjinas) siguiendo al conejo, hasta que por fin divisé una suerte de galería grande. Mi conejo dice: “es ahí”, tema que les confieso, me hizo respirar, porque sí, admito que por momentos temí el secuestro. Entramos al Centro Comercial “La Ganadora”, un local verde hospital compuesto de varios stands y tiendecillas, una de las cuales se encontraba al mando de Ricky, habilidoso muchacho que me sacó rápidamente las fotos en un cuartito con pintura picada y olor a madera vieja. Me tomó unas veloces fotos (sólo pedí cuatro, pero hizo todo lo posible por tratar de enyucarme seis), y no sé si fue el terrible invierno, la galería en lo recóndito de San Borja, la cara de Ricky o el smog limeño, pero salí con una cara de burrier polaco que no me la va quitar nadie. Pensé en pedir otras, pero no sabía si estaban incluidas en el paquete, y el tiempo me hacía tic toc.
Cuando por fin retorné a la oficina documentaria, la cola había aumentado, pero por suerte no mucho más. Coloqué entonces mi iPod y decidí empezar a observar mis alrededores. El imponente Museo de la Nación me miraba del otro lado de la calle, así que resolví en mi cabeza entretenerme investigando qué eventos organizaba éste para la temporada. Se indicaba la existencia del Ruraq Maki (no, no era sushi novoandino), una exposición/venta de arte popular tradicional, con ingreso libre (bueno, es venta, ¿no? Qué carajos me van a cobrar antes); y luego mostraban que pronto sería la Reunión de Comités Nacionales del Qhapac Ñan. Ok. Concluí que si asistiría a los eventos del Museo de la Nación, sería a los siguientes.
Entonces empezó muy lentamente a avanzar la cola, parando cada pocos metros. Pasó así una buena cantidad de tiempo en la cual me di cuenta que no me estaba aburriendo. Fue entonces cuando tomé consciencia que esto se debía a que había estado escuchando mi superfabulosa lista musical durante todo este tiempo. Apunté instantáneamente en mi cuadernito la mágica lista que me encontraba escuchando en mi espera tramitesca, para poder compartirla a futuro. ¡Todo el mundo debería tener esta lista cada vez que tenga que realizar cualquier trámite documentario! Era la combinación perfecta de ritmo y diversión que me impedía caer en el shock que es la burocracia peruana. Así que comparto con ustedes mi salvavidas musical:
RUF’s Magical Playlist para Trámites Mortíferos
· My Lover –The Sounds
· Life in Technicolor II – Coldplay
· My life would suck without you – Kelly Clarkson
· Dustland Fairytale – The Killers
· Trouble – Britney Spears
· Kelsey – Metro Station
· All I see – Kylie Minogue
· Ottoman – Vampire Weekend
· Paper Planes – M.I.A. (el sonido de las pistolitas es divertido para jugar a matar gente de la cola)
· One of the Boys – Katy Perry
· Use Somebody – Kings of Leon
· Boys Boys Boys – Lady GaGa (Advertencia: puede causar movimientos involuntarios de hombros y cuello por tener un súper beat. Recuerda que sólo tú estás escuchando la música)
Luego decidí empezar a documentar prendas algo feítas, haciendo una suerte de concurso en mi cabeza del personaje peor vestido del local. La primera finalista fue una señora con un chalequito de polar turquesa papel Paracas, cosecha Tottus 2005. Muy cerca, con casi igual puntaje, un señor con una camisa transparentona (bvd abajo, obvio) y una gruesa corbata color rosado potente (el rosado, regio color hasta hace algunos años; se ha visto prostituido, comercializado y ahuachafado, por lo que ahora en vez de rosado, es más un dest-rozado). Pretendía seguir con mi concurso cuando me di cuenta que ya estaba entrando al local y separándome por fin de la cola callejera. Cuando me volteé para ver el proceso de espera, me asusté con la cantidad de gente atrás mío. Me sentí SÚPER madrugador y agradecí a los cielos por la velocidad de Ricky y sus fotos truchas. Una vez dentro, ubiqué una especie de toldito viejo sin usar, recostado contra una pared. Cuando presté atención a lo que decía, leo escrito: “Liga Peruana contra la Hipertensión Arterial – Campaña Nacional 2007”, y algo más abajo: “Controle su presión arterial aquí”. Hmmm. Todo bien con la iniciativa, pero creo que debieron continuar con la idea; o al menos re-aprovechar el toldito con otro cartel para repartir información sobre la porcina. Tenerlo ahí por dos años no le hace bien a nadie.
El siguiente paso fue entrar por fin al edificio, donde una muchachita en un desgastado sastrecito verde olivo me dice robóticamente con voz nasal de consultora de Natura:
“¿Cuál es su trámite?”
“Renovación de DNI; ha caducado”, le respondí amable.
“¿Tiene recibo por 24 soles y dos fotos pasaporte actuales?”, dijo como si marcase un código de barras.
“Sí, tengo todo”, concluí.
“Tome su ticket, lo van a llamar”
T-255. Ok. Esperemos que no sea muy alto. Ingresé entonces a las salas interiores y me encontré con un gran salón lleno de sillas, alineadas de a cuatro y unidas del mismo modo por barras de metal. Todas las sillas se encontraban con alguien encima, el salón entero estaba caliente, vaporoso y con aroma a vaho; el llanto de los niños (DEMASIADOS, si me preguntan a mí. ¿Nadie se ha puesto a considerar que no sólo hacen más tortuoso el trámite, sino que perturban al resto de asistentes? Juguito matutino + Agua de Azahar… just a suggestion) era una cosa insufrible y encima había gente constantemente moviéndose y chocándose contra uno. Me apoyé contra la pared esperando que por lo menos me tocase dentro de pocos minutos. Fue entonces cuando levanté la mirada en búsqueda de una respuesta hasta que mis ojos se cruzaron con el rack mal colocado encima de los módulos, donde su televisor magnetizado hasta la decoloración de la pantalla indicaba el número de ticket siendo atendido en ese momento. Pestañé un par de veces para confirmar lo que veía y con miedo bajé la cara para revisar nuevamente el número de mi ticket. Puta madre.
No sólo estaban ateniendo al T-138 en el módulo 4; sino que habían otros dos códigos más de ticket: el BQ-tanto-tanto y el MP-no-sé-qué. Mi cerebro realizó operaciones matemáticas más rápido que en cualquiera de mis años escolares y entré en shock al darme cuenta que no sólo faltaban 117 personas antes que yo, sino que quizá habrían varias más siendo atendidas en esos momentos por existir más de un código en los tickets. Un rayo de esperanza se iluminó en mi cara cuando me di cuenta que por alguna extraña razón había un sitio libre en la tercera fila. Me acerqué y le pregunté a la señora sentada al lado del espacio vacío: “¿está ocupado?” “No, no”, dijo rápidamente ella. Se me quedó mirándome un rato, así que decidí hacer lo mismo. Era una señora regiona, bien vestida, algo arrugada por los años, pero con colores excelentemente combinados y un peinado casi igual al nunca cambiante casquete de Anna Wintour. “Perdón”, me dijo sonriendo, “es que pensé que eras mi sobrino, eres muy parecido”. Me reí diciéndole que cuando uno viene a hacer trámites públicos siempre espera encontrarse con alguien conocido, tanto que hasta se los imagina. Ella entró en fuertes carcajadas, mientras yo sacaba mi leal cuadernito del bolso para documentar mi encuentro con la señora del peinado Wintour. Ella miraba con atención mientras yo escribía frenéticamente mordiendo la punta de mi lengua, hasta que decidió comentarme: “Disculpa, pero, ¿qué escribes?” Sonreí poniendo mi cara de soy-dulce-pero-súper-interesante, y le respondí: “Lo que me pasa. Me gusta documentar las cosas que voy viviendo y apuntarlas.” Me miró con un gesto incrédulo: “Ay, ¡no te creo! Mi sobrino también es escritor. Ha publicado dos libros… pero no se vendieron mucho. ¿Cómo es, no? Uno escribe lo que quiere, pero depende de los demás para que realmente sea considerado bueno”. “Sí, bueno,” le dije yo, “yo no he publicado nada, pero espero hacerlo. Por el momento escribo lo que me gusta, y creo que si uno realmente disfruta haciéndolo, puede intentarlo hasta realmente hacerlo bien”. Ella me sujetó la mirada un buen rato y me dijo que veía en mi cara una clara alma de escritor. En ese momento la muchacha del módulo 5 gritó un número y la señora se paró cual resorte. “¡Esa soy yo!”, gritó emocionada. Pidió permiso, se despidió de mí y me deseó suerte.
Así que decidí afrontar mi soledad; recoloqué mis audífonos en sus lugares respectivos y puse play a la lista, donde me recibió Michael Bublé con Everything. Empecé a revisar los artículos de mi GQ, mientras que la voz del cantante y el ritmo de la música mitigaban los llantos de los niños del proletariado. En la siguiente hora (sí, una hora más) me puse a observar al público a mi alrededor y me di cuenta que todos estaba con el ceño fruncido y mirando como androides a los módulos al frente suyo. Pero es que hay cosas que yo no logro comprender: Todo bien si es que no tienes un iPod o discman (hasta un walkman sería aceptable), pero, ¿por qué nadie trae un libro, una revista, un fucking periódico? ¿Prefieren esperar horas en bodrio-mode, teniendo como fondo musical la bulla genérica e indefinida del trámite gubernamental? Son momentos como éste en los que me pregunto si es que la gente es súper bruta, o si yo soy súper extraño.
La espera se hacía eterna, las horas pasaban, y para colmo de males, ya que mi vida jamás puede ser color de rosa (por más irónico que eso pueda sonar), se me acabó la batería del iPod durante el ticket número T-212, así que todavía tenía 43 trámites ajenos por esperar antes de poder pensar siquiera en irme. El tiempo pasó paralelo a los llantos hasta que llegó una mujer con su familia que llamó mi atención. Apareció ella con tres hijos y su madre. La abuela tenía una carterita Fendi y un pañuelito simpático en el cuello, y los hijos estaban vestidos todos en tonos pastel. Sentados como personajes de Stepford Wives, sin emitir nada de bulla (a diferencia del Wawasasi Parrandero que llenaba el resto de las oficinas), estuvieron varios minutos mirando al frente y conversando en voz baja. En un momento el hijo mayor (de 8 - 9 años), le dice a su madre: “Mami, estoy aburrido”. Ésta mete la mano en su cartera, saca su Blackberry con funda de jebe rosada, y le dice a su hijo: “Toma. Juega con esto”. Regia, pues.
Finalmente, luego de tres horas, y tres litros de antibacterial (el cual también era parte de mi kit de supervivencia), llegó mi turno. Ya me había visto todos los fall previews íntegros de GQ, y leído en Vogue la entrevista entera a Christy Turlington sobre su documental de maternidad en países del tercer mundo, y lo regia que se siente a los 40. Así que fue preciso el momento de mi llamada. Me dirigí velozmente al módulo, entregué los documentos requeridos, se llevaron mis fotos, tomaron mis huellas digitales, y listo. “Puede regresar en diez días”, fue la concluyente frase de la muchacha que me atendió. Mientras salía sólo podía pensar: ¿Por qué yo puedo ser tan rápido haciendo un trámite, dejando al siguiente civil en menos de siete minutos la oportunidad de realizar su gestión burocrática, y la gente promedio se quedaba horas de horas en cada módulo? A los ciudadanos de éste país les falta ser ‘moscas’ (por más huachafa que sea la frase), proactivos, eficientes. Se complican al seguir cualquier sistema y detienen el resto de la cadena, perjudicando así a los que por suerte, pero lamentablemente, nacimos con sacacorchos en el país de las botellas cerradas, qué les puedo decir.
Finalmente, la respuesta a la interrogante que rebotaba en mi cabeza desde que me fui, se dio caminando por la avenida Aviación en busca de un taxi que me llevara mi oficina, por más que ya era hora de almuerzo (sí; estuve en la RENIEC de 9:00 a.m. a 1:00 p.m., ni me digan). Caminé frente a un chifa que tenía el siguiente cartel pegado con stickers de estrellitas en su vitrina: “Se necesita azafata. Con experiencia” ¿Azafata? ¿En serio? Lo que necesitan es el premio Nóbel por haber inventado el primer chifa volador. “Chifa Airlines agradece su preferencia. ¡Zài jiàn! (Adiós)”. Por si se preguntan, de acuerdo a la RAE, “azafata” sólo se usa para referirse a las empleadas de compañías de avión o transporte comercial de pasajeros. I checked.
La gente del Perú está loca. Creo que por eso es tan divertido vivir aquí: porque no existe nadie lo suficientemente cuerdo como para enseñarnos qué estamos haciendo mal.

Sunday, May 10, 2009

SAP

Escribo esta carta debido a una discusión que se ha visto repetida en mi acontecer social durante estos últimos años. Considero al cine una de las mejores opciones para pasar el rato, compartir un momento con amigos, entretenerse, divertirse con la familia, etc.; y es precisamente por eso que una ida al cine debería ser agradable para todos los que tengan en mente realizarla. Hoy en día, la industria cinematográfica es enorme, y nos brinda una gran gama de películas de diversos géneros y duraciones, cosa que nos permite realmente encontrar opciones muy entretenidas y acordes con nuestros gustos culturales.
En la última década, la piratería ha sido una amenaza constante para la industria del cine, habiendo bajado tremendamente el índice de asistentes a éste, y quedando claramente demostrado con el cierre de la cadena de alquiler de videos, Blockbuster, en todo el Perú. Es por eso muy importante que apoyemos a esta cruzada asistiendo al cine, y no reemplazando esta actividad con la compra de películas pirata, sobre todo las que están en esos momentos en cartelera. Pero ahora bien, las empresas de los distintos cines deberían colaborar con hacer más fácil esta elección, no sólo mostrando comerciales anti-piratería en las salas de cine antes que empiecen las películas que vayamos a ver, sino evitando que la gente no desee ver una determinada película en el cine.
Y es este tema precisamente el que pretendo exponer con esta carta: El doblaje de las películas extranjeras. De la gran cantidad de películas que se estrenan en otros países, tenemos la suerte de poder ver en nuestro país la mayoría de ellas. El problema, y se ha acentuado en los últimos años, es que a veces muchas de las películas que llegan han sido dobladas al español, sin tener la opción de ver la misma subtitulada. Si bien es cierto que muchas películas se presentan con las dos opciones, hay una gran suma de ellas que sólo se encuentran dobladas. Consideremos que esto lo sé gracias a que he llamado numerosas veces a distintos cines a preguntar si tienen opciones subtituladas para diversas películas, siendo la respuesta una rotunda negativa.
Ante el argumento que diría que las películas dobladas son las de género infantil o familiar, diré lo siguiente: La industria cinematográfica actual, busca crear filmes que puedan ser apreciados y disfrutados por un amplio público, de modo que las historias, situaciones y personajes de éstas, poseen una versatilidad que les permite ser de agrado para quien sea que quiera verlas. En segundo lugar, las películas actuales de dibujos animados, tienen como valor agregado el contar con las voces de reconocidos y estupendos actores para darles vida a los distintos personajes de las originales historias. Actores que han sido elegidos específicamente para representar a un determinado personaje, por contar con el tono de voz adecuado o incluso por haber influido en la apariencia de los mismos.
Ante otro argumento, el cual indica que el Perú es un país hispanohablante y que es correcto y adecuado doblar las películas, diré lo siguiente: No propondría jamás la opción de traer películas sin subtítulos, ya que es totalmente tirado de los pelos, como tampoco puedo exigirle a un niño de seis años que vaya al cine a leer los subtítulos de una película, por lo que me parece bien que en esos casos se presente la opción del doblaje. El problema cae precisamente cuando las películas llegan sólo dobladas. La opción de una película doblada es coherente, justa, correcta y legal. Pero esto no es motivo para cortar las otras posibilidades. Es hasta risible, considerando que subtitular una película es un proceso mucho más económico que doblarla.
Una película doblada pierde fluidez, naturalidad, emoción, impacto y sentimiento. Y para los que realmente disfrutamos el cine, sabemos que ver una película no es simplemente seguir una trama hasta que ésta se desenvuelva, sino que hay una combinación de elementos que brindan un orden perfecto al producto cinematográfico que es precisamente lo que al final nos permite haber disfrutado la película. Y al eliminar uno de esos elementos, el diálogo original, la película no logrará jamás tener el mismo efecto en su público. Lo que se transmitirá con esa película sólo será una versión incompleta de la idea que tuvieron los productores y creadores al inventar la historia plasmada luego en la pantalla.
Como mencioné al inicio, este tema ha salido a relucir muchas veces en distintas discusiones sociales con mis amigos y conocidos, llegando siempre todos a un mismo acuerdo. En los dos últimos años, han estado en cartelera muchas películas las cuales no he ido a ver por el simple motivo de no contar con una versión subtitulada. La solución: ¿comprar el DVD pirata que nos brinda la opción de elegir nosotros mismos el idioma? Espero que no. Hagamos algo al respecto. Defendamos la originalidad. Además, ¿a quién no le conviene poder usar el cine como ayuda para aprender otro idioma? Dos pájaros, un tiro.

RUF.

Wednesday, April 08, 2009

Crollywood wrote on your Wall:

Yo soy muchas cosas. Antes de que rueden los adjetivos fulminantes, destaco que una de estas tantas cosas que soy, es un comunicador. Publicista, para ser exacto, pero comunicador either way. Y es precisamente por eso que tengo que saber qué es la comunicación y cómo se manifiesta. Y para no entrar en floros aburridísimos de emisor – receptor, adelanto que lo que quiero hablar ahora es de la comunicación entre dos o más sujetos que se retroalimentan mutuamente creando una discusión o conversación. Claro que estamos hablando de un sistema que data de miles de años atrás. En la época greco-romana, las cartas se escribían con tinta en hojas de papiro que se enrollaban y ataban con cordones; consideren que el primer sistema postal bien documentado es el romano. Fue organizado en su tiempo por César Augusto (62 a.C. aprox.) y era llamado cursus publicus. Se dice que puede haber sido también el primer servicio postal verdadero (cómete tus calzones, Serpost). Luego pasaron los siglos sin mucha evolución en el rubro comunicacional, hasta 1833, cuando los alemanes Gauss y Weber instalaron una línea telegráfica de 1000 metros sobre los tejados de Göttingen (pequeño pueblito alemán donde trabajaban), creando un alfabeto especial para comunicarse y luego de algunos retoques técnicos, el telégrafo. Medio siglo después, Alexander Graham Bell y Antonio Meucci inventan el teléfono, el cual revoluciona al mundo hasta convertirse en lo que hoy tenemos todos en los bolsillos o carteras (ya sea en vibración o con sonido).
Luego apareció el popular monstruo de Internet, y con él todos los nuevos medios de comunicación que hoy conocemos: foros, blogs, chats, messenger y el protagonista de este post: Facebook.
¿Qué carajos con Facebook? Es el tercer brazo de todas las personas. Es el que sabe los chismes, el que tiene las fotos, el que sabe quién está con quién, el que cambia de look a cada rato, el que pasa los mensajitos, el que te ayuda a espiar a los demás sin que nadie se dé cuenta. Si no fuera virtual, diría que Facebook es un amigo gay.
Y lo gracioso es que ya no es algo pensado, que requiera meditación o que se te ocurra al sentarte en una computadora. Es inercia, pura y mecánica. Prendes la computadora, chequeas tu mail, te conectas al Messenger, te metes a Facebook. Así no hagas nada. Así no subas fotos. Así no escribas huevadas en el wall de nadie. Te metes y miras tu fucking profile por horas sin que nada en la realidad varíe. Y con los dos años y pico que tiene Facebook rondando, ya se ha formado hasta una suerte de “cultura Facebook”. Reglas y suposiciones que hemos ido asimilando y por alguna bizarra razón a nadie le parecen extrañas. Para todos es algo normal y nos parece raro encontrarnos con alguien (que pertenezca a una generación para la cual las computadoras NO son el anticristo, obvio) y que éste no tenga Facebook. Son bastantes los elementos que esta página web nos ha ido enseñando, y bastantes también las maneras que tenemos para utilizarlos. Por ejemplo:
La foto principal tiene que ser regia, obvio. No podemos poner la que salimos con las ojeras gigantes en la fiesta de Fulanita, o ese mal ángulo en la terraza de playa de Sutano que hace que un rollo rebelde arruine la dieta que desde octubre vine haciendo. Creamos también álbumes para hacer eternos los momentos divertidos y permitir que nuestros amigos y sus amistades (siempre y cuando activemos la opción que lo permita) puedan morirse de envidia cuando tengan claro que nos divertimos más y mejor que ellos. Colocamos efectos en las fotos para hacer menos monótono el sistema, un nombre creativo para el álbum y listo: El mundo ya puede apreciarme a mí y a mis fabulosos amigos. Claro que contamos también con el hoy conocido TAG. Una maldición o bendición, dependiendo de quién venga. Siempre está el desubicado que te “taggea” en una foto donde sales mortal, rodando por las esquinas, con varias copas encima, mientras él y su primita REGIOS en el centro de la foto. De ahí tienes que estar untagging todas las fotos que encuentres en el álbum, rogando que nadie que te interese las haya visto antes.
Facebook es también un flash informativo. Sandra is now listed as SINGLE. Bueno, querida Sandra, que Lima en su totalidad se entere de que tu relación acaba de verse completamente desintegrada. Personalmente, yo no entiendo el afán de hacer TAN público todo lo que le pasa a uno. Pero hay mucha gente que escribe su día a día en Facebook. Si salió a caminar, si está en la oficina, si está en la casa de su novio, si vio tal película, etc. Por Dios, poco les falta publicar su pasado sexual. Pero a pesar de todo, siempre hay una novedad en FB: Carlo es ahora amigo de Fiorella, Pedro se hizo fan de Caballeros del Zodiaco, Andrea likes your status, No sé quién te invita a jugar Texas Hold’em Poker, Chuchumeca comentó “ay ay ay no te creoooo esa fotooo jaja de cuando esss jajaja ay siii jajaja” en la foto de Iván, etc. Es un bombardeo de información; el Pearl Harbor de la web. Y como cada vez más gente aparece en FB, no nos queda otra más que depurar la cantidad abismal de data que nos brinda esta comunidad electrónica.
El rol que juega FB (sí, como se habrán dado cuenta, en adelante escribiré sólo las siglas, ya que me da flojera) es muy importante ya que es una especie de hoja de vida virtual. Cómo nos sentimos ese día se muestra en el status, nuestros últimos eventos se muestran en las fotos, qué canciones nos gustan, qué libros leemos, qué películas hemos visto, podemos hasta poner nuestros “Political Views” (que personalmente me parece una vil cojudez; a quién carajo le importa saber si soy centro derechista liberal algo conservador con pequeñas pizcas de demócrata) y nuestra visión religiosa (“Hola, creo en Brahamandrah, un dios compartido por sólo cinco personas aparte de mí en el planeta. Tiene doce brazos e inventó el humectante”). Pero digamos que todo lo que queramos se sepa de nosotros (o SÓLO lo que queramos, claro), puede estar en FB.
Considerando su antepasado, el nunca tan popular y hoy cholísimo Hi5 (perdón por la crudeza, pero es súper cierto, pues; la gente que sigue usando Hi5 es de TERROR), es impresionante ver la acogida y facilidad con la que FB ha entrado en la sociedad, peruana y mundial. El problema que surge ahora es: OK. Tengo Facebook. Ahora bien, ¿para qué lo uso? ¿Cuál es el objetivo de tener un perfil en la paginita ésta? Me encantaría ser la Pitonisa del Oráculo de Delfos y poder darles la respuesta precisa a esta interrogante (aunque creo que lo único que hacía la perra era dar acertijos confusos a los exploradores griegos; cero que daba soluciones), pero no hay una sola. Un primer grupo tiene FB porque siente que tiene que tenerlo. Lo crean, ponen cuatro fotos locas y se olvidan del tema. Luego hay un segundo grupo, los Facebookholics. Estos hacen del FB su cotidiano vivir: cuelgan fotos interdiario, comentan en todas las fotos ajenas, cambian su status como de calzón, juegan todos los jueguitos estúpidos que tiene FB y en los momentos que están fuera de la computadora, suelen hablar también de FB y algo que vieron ese día en la página. Un tercer grupo, en mi opinión el peor, cree que FB es su espacio mágico en la web para hacer amiguitos. La gracia de FB es poder estar al día con TUS amigos, ver en qué andan, cómo están, dónde se han ido, con quién están parando, qué se pusieron (chicas, las cuñas están siendo detectadas, sólo les digo eso), etc. Pero en fin, son tus amigos. Y a la vez, si armas tu perfil de modo simpático, es para que ellos puedan apreciarlo y saber, viceversa, cómo te va a ti. Pero hacer rondas en FB, buscando perfil tras perfil para agregar gente que NO conoces, escapa de mi criterio lógico. No puedo decir que han sido pocas las veces que me ha llegado un mail del tipo: Silvia Condori Alvarado has added you as a friend on Facebook. Acto seguido, entro a mi FB a ver quién es, preguntándome de dónde conoceré a esta muchacha. ¿Será una de las duendecillas que estudiaba derecho conmigo en la PUCP y cree que eso la hace mi amiga? ¿Será la amiga de alguien que conocí pero no me acuerdo de su cara? (el nombre me da pistas de que puede ser así) Pues no. Amigos en común = 0 (CERO) (Obvio). Entonces tengo que entrar a revisar el perfil de esta muchacha misteriosa. Leo un par de cosas (entro en shock con varias), reviso fotos diversas y obtengo las siguientes conclusiones: 1. No la conozco, me queda claro. 2. No la conoceré, me queda más claro aún. 3. Debido a las varias fotos que vi (la mayoría de Vento Perú), las cuales protagonizaba una chica vedettona de rulos pintados color caramelo acompañada de sus amigos, por lo visto compradores estrella de John Holden, determino que esta chica y yo no sólo no tenemos amigos en común; no tenemos NADA en común. Ergo, ¿por qué habría ella de agregarme? Enigma. Presiono ipso facto el botón “Ignore” y me olvido así de la existencia de Silvia. ADVERTENCIA: Hay veces que no sólo te agregan al FB, sino que te mandan un mensaje en conjunto con la invitación, indicando que pareces una persona “súper chévere” y “un xico muy lindo” (Nota de RUF: Sí, “xico”. Es “chico”, en mortífero) y que creen que “pueden ser buenos amigos”. No creo, reina. Por varios y diferentes motivos, no creo.
Finalmente, el cuarto grupo. Valga decir que el tercer y cuarto grupo no excluyen la pertenencia a cualquiera de los dos primeros, lo que cambia es el uso que se le da al FB de cada uno. Pero en fin, el cuatro grupo usa el FB para el primitivo y humano “booty call”. Aprovechar la privacidad de los mensajitos para asegurarse acuerdos cochinones y concretar actos prohibidos. Lo más gracioso es cuando esta gente se crea perfiles falsos para hacer más "discreta" su investigación. Por favor, es patético. Aunque es justo decir que también existen los románticos, que de algún modo u otro, logran hacer de FB una suerte de Cupido virtual.
Pero bueno, la realidad es ésa. Facebook es un nuevo medio comunicativo, informativo, seductivo, divertido, pretencioso, natural, falsísimo, original y moderno que sirve para demostrarle al mundo que realmente existes. Lo que depende de ti es mostrar qué tan fabulosa o trashy es esa existencia. Love me, hate me.
xoxo

Sunday, February 08, 2009

Pecado Capital: Avaricia

"Money, money, money,
must be funny,
In the rich man's world
Money, money, money
Always sunny,
In the rich man's world
Aha-ahaaa
All the things I could do
If I had a little money...

It's a rich man's world"

ABBA - Money, Money, Money

Después de haber dejado a mis queridísimos pecado capitales de lado por mucho tiempo, considero adecuado retomar con el penúltimo de ellos y poder así casi cerrar ese bloque de posts que siempre me ha gustado tanto.
Presento entonces al pecado capital de la avaricia. La avaricia o codicia se define como el deseo incontrolado de posesión de bienes materiales e inmateriales que pertenezcan o no a otros. Es básicamente el hecho de querer tenerlo todo, o cada vez más y más. Pero cuando pensamos en la avaricia como término, tenemos que admitir que hay dos formas de expresarla. Al igual que cuando escribí sobre la envidia y la dividí en dos tipos (¿Por qué tienes? y ¿Por qué eres?), la avaricia funciona entonces del mismo modo. Por un lado estamos hablando del hecho de tener un afán desmesurado por poseer cosas o dinero, y por otro, nos referimos a la mera y simple tacañería, la cual a fin de cuentas, es mucho más divertida que la codicia en sí. En este caso analizamos el hecho de no querer gastar más que lo mínimo y necesario y de ser posible, no prestar, regalar e/o invitar absolutamente NADA.
Por eso vamos a analizar ambos:
1. La Avara Avaricia:
La avara avaricia la vemos por lo general en personas egoístas y un poquito locas. Esa gente que tiene mucha pero mucha plata y el único objetivo en su vida es, bueno… tener más plata. Se compran un carro nuevo porque ya se aburrieron del que tienen y creen que tienen derecho a pedir y exigir lo que les venga en gana. Es como el caso de la chibola platuda que cuando cumple 18 le regalan una Mistubishi Montero y lo único que hace al verla es decir: “Pero yo quería una Tuareg”. O en el mejor de los casos: “¿No había en rojo?” Parece chocante, pero estas cosas pasan; yo he escuchado un par de historias por el estilo.
Claro que hay expresiones más leves dentro del mismo rubro, como comprar ropa que no te vas a poner, comida cara que no piensas comer pero quieres tenerla en tu casa, o ganar en el casino y seguir jugando lo ganado para tener más y más (claro que eso junto con la avaricia bordea la ludopatía, la cual a pesar de no ser un pecado capital podré analizar también algún otro día. Pero, actualmente, no es el momento. Una patología loca a la vez, por favor). Digamos que la avara avaricia es, más que nada, una obsesión: el vicio adictivo de tener cada vez más cosas, teniendo en cuenta que probablemente, nunca estemos satisfechos.
2. La Tacaña Avaricia:
La tacaña avaricia es la más típica y clara expresión de este pecado capital. Quizá no esté incluida dentro de la definición oficial del término, pero es claro que es una actitud que forma parte del mismo. Además es divertido porque de un modo u otro, todos terminamos cayendo en este tipo de avaricia y tenemos formas muy originales y graciosas para expresar nuestro sentimiento de no querer gastar mucha plata.
En primer lugar, podemos analizar el engrosamiento de pequeñas cantidades. Es decir, cuando nos quejamos, gritamos y/o puteamos por una cantidad intrascendente que no hará mayor diferencia al final. Cuando subimos a un taxi y decimos:
“Hola, hasta la cuadra narunaru de la Av. Frunifruni”
“Seis soles”
“¿Seis? ¿SEIS? ¡Ayer me han cobrado cinco! ¡Esto no puede ser, qué robo!”
“Ya, cinco cincuenta, pé.”
“Asu ya, sólo porque estoy apurado”
Lo peor de todo es que nadie puede negar que esto realmente sucede. Igual pasa con el famoso y controversial IGV. Ese condenado y poco sutil 19% extra a cualquier compra que realicemos, ya sea al comprar zapatos mortíferos en Payless (cosa que no hago JAMÁS ni haré NUNCA, pero quería mostrar la amplitud del espectro), la torta fabulosa de trufa de La Crocante, un fucking choclo en Vivanda o un vinifile en Pharmax (no sé por qué, pero TODOS han comprado alguna vez un vinifile en Pharmax), siempre estará ahí, invisible pero palpable, creando problemas. Por ejemplo, te vas a comer a La 73 con dos amigos. Llega la cuenta, y considerando lo que han comido, cada uno ha gastado aproximadamente 60 soles. Revisan la cuenta y los precios y empiezan: “¿Oye, pero esto incluye IGV?” “Mejor hay que pedir la carta para chequear” “Sí, yo ni cagando he gastado tanto” “Máximo deberían ser 150 soles. Máximo” “¿Quién pidió un café? No me acuerdo de ningún café. ¿Por qué lo están cobrando?” “¿Qué carajo es Lim.Fro.Gr. y por qué cuesta 9 soles?” etc, etc, etc. Siempre hay un por qué y una queja de por medio. La repartición de la cuenta es un momento muy divertido, y mi consejo es siempre dejar esta labor en manos de alguien práctico y de rápida velocidad numérica mental. De lo contario se arma un fandango de cuatro pericotas locas chillando porque les indigna que falten 6 soles cuando todos ya han puesto su parte y nadie sabe dónde está esa plata restante.
Luego tenemos la necedad tacaña, en la cual no nos damos cuenta de lo que estamos gastando y nos indignamos cuando vemos el resultado final. Este caso es fácil de apreciar en supermercados o tiendas de departamento como Saga o Ripley. Estamos en la cola de la caja y la señora al frente nuestro está pagando su serie de productos. La cajera levanta su repetitiva mirada y le dice robóticamente:
Son 560 soles.”
“¿Perdón?” – interroga confundida la clienta.
560 soles, señora” – reitera la ya ofuscada cajera (y con cejas mal pintadas con cosméticos Meribelle).
Imposible hijita. Mira lo que he comprado, pues. Cómo van a ser 500 y pico soles. Te has equivocado.” - dice incrédula la mujer.
Señora, la caja no se equivoca” – le voltea el visor para que la mujer chequee el total. “Son 560 soles.”
Ay, no te puedo creer, qué horror. Es que todo está carísimo pues, cómo se me ocurre venir acá.” – en estos momentos, la mujer me mira mientras le entrega la tarjeta de crédito (plateada no más) a la cajera, se voltea y me dice con una sonrisa cómplice: “Una compra cuatro cositas y termina pagando una millonada. Habrase visto.” Yo sólo arqueo una ceja y le dejo clarísimo que no estoy de acuerdo con ella.
Bueno señora, pienso yo, porque si se lo digo probablemente salga disparada como prostituta en redada, si usted decide comprar 60 latas de leche, la reserva entera de pollo y carne molida de Wong, sendos licores y diversos accesorios para el hogar, no espere pagar con sencillo, así de simple.
Y ya que estamos en este tema del supermercado, TENGO que comentar esto. A mí me parece un horror la tacañería de algunas personas cuando después de pagar en la caja y la cajera le dice: “Señor, ¿desea donar cuatro céntimos a la Fundación Ayudemos a los Niños Que Sólo Comen Cerevita?”, el hombre le grita un rotundo: “¡NO!”. Increíble. Es para decir WHAAAT? ¿Acaso esos cuatro céntimos van a ir a un enorme frasco al fondo de su clóset el cual luego de estar lleno será cambiado por nuevos billetes que servirán para comprar muchas joyas y zapatos de cocodrilo? ¡No! Van a estar en el fondo de su billetera hasta que diga días después “¿Por qué coño tengo estas moneduchas que no sirven para nada?” y las boten sin más. Señor, los niños quieren comer otra cosa que no sea Cerevita. Ayude, carajo.
Podríamos seguir mencionando más tipos de tacañas avaricias, como la cultura de lo gratis (si es gratis, coge todo lo que puedas, y más), la chequeada para ver cuánto coges si te invitan algo (no te quitan la mirada hasta que devuelvas el vaso, el cigarro, el chocolate, el sándwich, etc.), el escándalo por la pérdida de monedillas (“¡Se me han caído dos soles! Nadie se mueva y ayúdenme a buscarlos”), no echarle gasolina al carro hasta que el tanque de reserva esté pidiendo auxilio, sólo ir al cine los martes (SÓLO martes; no pueden ni considerar ir otro día), cortar un pedazo chiqutititititito cuando invitas algo, reclamarte pagos de hace semanas que NO deberían ser reclamados (“Oye, te acuerdas que hace como tres semanas te presté siete soles para que te compres un café? ¿Bueno, los tienes?”), etc.
Así que nuevamente podemos apreciar que tenemos OTRO pecado capital que ronda en nuestras vidas de un modo aún más presente de lo que nos damos cuenta. Y sólo nos queda un pecado to go, así que espero pronto poder escribirlo, ya que se trata de uno de mis favoritos. Mientras tanto, queridos... ya saben, cuidado con lo que gastan. Como dicen por ahí: cuiden sus centavos, que los billetes se cuidan solos.